Viva la radio

JUAN NAVARRO

Juan NavarroJesús Rodríguez Marín se apartó del teléfono móvil que estaba consultando, Salvador Viniegra abrió los ojos, siguió escuchando y quedó absorto. Yo me quedé abducido por la susurrante voz que oía al otro lado del teléfono mientras realizábamos el programa «Tres en uno» de Radio UMH. Viernes tarde, de cuatro a siete, y de acuerdo al guión, entrevistábamos a Matilde Conesa, actriz de doblaje y miembro del cuadro de actores de Radio Madrid y la gran Cadena SER.

Compañeros de Radio Alicante y Radio Popular con Dyango cuando ganó el festival de Benidorm con la canción: Mis más recónditos recuerdos visuales, me llevan al comedor de mi casa; planta baja en la avenida de Salamanca número 9, 25 o 23 actual. Recuerdo la voz de Matilde Conesa, Matilde Vilariño y Pedro Pablo Ayuso en la novela de «La lechera», leche condensada de Nestlé, «Matilde, Perico y Periquín». Todas las tardes la escuchaba absorto con las aventuras de Periquín, y las palizas verbales de su padre y la defensa que hacía su madre.

Matilde Conesa nos confesaba, en la entrevista, que «cuando llegaba Semana Santa, en la Cadena SER grabábamos hechos evangélicos y siempre, al padrino de mi hijo, Teófilo Martínez, le asignaban la voz de Dios. Pensaba que si Dios existe, tendría la voz de Teófilo». Teófilo Martínez, querido lector, era el actor de doblaje de la Guerra de los mundos y multitud de películas y actores. Teófilo Martínez dobló a Orson Welles, John Wayne, Edward G. Robinson, e infinitas series de dibujos animados como Willy Fogg y los Mosqueperros entre otras, multitud de novelas, cuñas publicitarias, pero donde alcanzó el paroxismo fue como narrador de la Guerra de los Mundos.

Apenas unas semanas más tarde, entrevistamos a Camilo García, la voz de Gene Hackman y Gérard Depardieu. Era una delicia escuchar a Camilo narrar el doblaje de Cyrano de Bergerac, y como, siendo él no sólo el actor de doblaje de Gérard Depardieu, era el director de la adaptación al castellano del proceso de doblaje. En un momento dado, cuando le pregunté a quién pertenecía la voz de Roxane, la enamorada de Cyrano, aspiró y susurró: «Clarice, han dejado ya de chillar los corderos?». En ese momento sentí un latigazo en mi espalda; estaba escuchando al doctor Hannibal Lecter, en la persona de Anthony Hopkins, en El silencio de los corderos.

Un joven de apenas 23 años, se presentó en Radio Madrid, Gran Vía, entonces José Antonio, 32, y subiendo a la segunda planta en cuya planta primera estaba la tienda de moda de Madrid: «Muebles Los Certales», se dirigió al despacho de Rafael Revert. Minutos más tarde yo estaba frente a un AKG en el estudio 5 , flanqueado por Pepe Domingo Castaño, Joaquín Prat, Joaquín Luqui y el propio Revert. Con esa voz quebrada que tiene Rafa, me indicó que presentase un disco, el que quisiera. «Never can say goodbye» de Isaac Hayes. No había terminado la presentación cuando Revert afirmó: «Ya vale» y Castaño me susurró al oído que ya era uno más de la plantilla de colaboradores de Cuarenta Principales en Radio Madrid. Uno de los recuerdos más entrañables de mi paso por la radio, se remite a Radio Madrid. Era el 20 de octubre de 1974. Así entré a colaborar con Radio Madrid.

Esa misma tarde, un personaje de auténtico lujo en la radio: Joaquín Prat, me llevó a la planta nueve; estudio 1, donde el cuadro de actores de la gran Cadena SER grababa las novelas, los «jingles» y los programas especiales. Se abrió la puerta y me encontré con un amplio escenario; a la izquierda una puerta de madera vieja para reproducir el sonido de las puertas que se abren, un artilugio de cuero y una manivela para simular corrientes de aire y dos medios cocos que simulaban caballos al galope. Micrófonos colgados del techo y Joaquín Portillo alias TOP, Juana Ginzo, Pedro Pablo Ayuso y otros, deambulando con los guiones en la mano esperando su momento de acercarse al micrófono más cercano para declamar su momento. Estaba Luis Sánchez Polack, alias Tip, Vicente Mullor, y en un momento dado escuché: «Han escuchado ustedes... Los que no perdonan, una idea de José Joaquín Morraquí con guión de Guillermo Sautier Casaseca y Rafael Durán, control y registro de sonido Esteban Cabadas y realización de Jesús Alarcos».

Pero días más tarde, domingo, seis de la tarde, terminando mi turno en el estudio 8 de Cuarenta Principales; octubre de 1974, y no queriendo volver a casa pronto, me colé en el estudio 5 de la segunda planta. Me encontré un inmenso espacio donde Juan Vives, Juan de Toro: «Anís Castellana, su presencia siempre agrada», Joaquín Prat: «Gol en Balaídos, informa boquillas Targard», y la voz entrañable del director del programa Carrusel Deportivo: Vicente Marco. Tras el cristal: José María Goñi, Jesús Alarcos. Y en un estudio adyacente Pepe Fernández, y Joaquín Luqui grabando las cuñas de promoción de los cuarenta principales. Aquello era la auténtica universidad de la radio. No hacía falta salir de los estudios, únicamente cambiabas de estudio y estabas en la siguiente clase.

Solemos ponerle cara a las voces sin conocerlas, y por ello la radio siempre te defrauda cuando la visitas por dentro. Yo me imaginaba a Joaquín Portillo como un hombre alto, elegante, guapo y me encontré a una persona común que la puedes encontrar en la cola del autobús o esperando su turno en la Seguridad Social. Sin embargo Juana Ginzo, quizás la más bella voz de la radio española, me cautivó desde el principio: «En la Cadena SER, Hora 25».

Basilio Gassent se encargaba de escuchar otras cadenas internacionales, fundamentalmente la BBC; hablaba un inglés perfecto, y además lo compaginaba con la escritura de guiones para programas culturales.

La radio, amada amante, que cuando la conoces no te deja jamás, te persigue a lo largo de tu vida, echando de menos el micrófono y tu capacidad de contar algo. La radio, amada amante.

Cuando Emilio Mora me insinuó que hablase con Antonio Serrano, entonces director de Radio Alicante, no creí que aquello cambiaría mi vida para siempre. Serrano me indicó que podía comenzar al día siguiente a colaborar con Radio Alicante en el programa «Merece la pena» que dirigía Mora y que programaba las novedades musicales de la semana. El primer programa que grabé, de media hora, tardé más de cinco; cuando escuché mi voz grabada me dieron ganas de salir corriendo despavorido, pero poco a poco conseguí modular la voz, adecuar la respiración y «aterciopelar» mis comentarios.

La noche de los Beatles, el especial fin de año que se truncó puesto que la fábrica de azufre de Felipe Fuster en Agua Amarga había ardido y tuvimos que informar a los automovilistas de las rutas alternativas, el Expreso de Medianoche emitido desde las once y media hasta la una de la madrugada con Juan Manuel Vila. Ahora y Aquí, y la inauguración de Radio Alicante FM Estéreo, en junio de 1976 con Juan Lázaro, Juan Antonio Miralles, Luis Garriga y Vicente Bernabeu como técnicos de sonido. Posteriormente en Radio Popular con Félix Parreño, auténtico actor de teatro y director de la emisora, José Ramón Celdrán, Tomás Borrás y terminando con Antena 3 de Radio, la radio me ha dado momentos felices de mi vida.

Una tarde, Juan Manuel Vila me trajo al estudio el vinilo del Concierto para Bangladesh, grabado en directo bajo la dirección de George Harrison, con colaboradores como Eric Clapton, Bob Dylan, Billy Preston, Klaus Voormann, Leon Russell, Ravi Shankar y demás, y me dijo: «Juan ¿por qué no hacemos un programa retransmitiendo el concierto como si fuese en directo?». El programa se emitía un sábado de medianoche a dos de la madrugada. El técnico de sonido era Juan Lázaro, jefe técnico de Radio Alicante. Grabamos el programa pensando que un sábado a esa hora no lo oiría nadie. El lunes Juan Lázaro me dijo: «Más de quinientas llamadas pidiendo la grabación del programa; Juan, la radio la oye todo el mundo a todas horas».

María Fernanda Pérez Farach me enseñó a modular mi voz, Marita Gisbert a ser amable con los oyentes, Mari Tona su retranca y su voz de terciopelo, Emilio Mora tenía en la memoria todos los números de los discos de la discoteca, Juan Manuel Vila era el mejor montador musical y Juan Lázar, jefe técnico, podía hacerte el mejor emisor y con baterías para emitir desde donde quisieras. Esa es la radio.

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