Estaba cantado

JESÚS ALONSO  

Jesús Alonso Como estaba cantado, y aunque no haya sido vista mendigando a las puertas de iglesias, centros comerciales y demás recintos sagrados, la paupérrima expresidenta de las Cortes Valencianas Milagrosa Martínez ha conseguido reunir los quince mil euros que le pedía como fianza el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad para eludir la entrada en prisión por favorecer a la trama Gürtel en la contratación de los expositores para las ferias turísticas de Fitur entre 2005 y 2009.

Como estaba cantado, la infanta Cristina, una de esas valerosas emprendedoras incluidas por la ministra Fátima Báñez entre los profesionales que optan por la «movilidad exterior» y que se gana el sustento diario lo mismo en Washington que en Ginebra o, como parece, próximamente en Lisboa al amparo de sus relaciones familiares independientemente del estado de deterioro de dichas relaciones, ha sido sancionada como partícipe a título lucrativo con una asumible multa que entraña un saldo a su favor habida cuenta la fianza que tuvo que pagar con anterioridad a la Audiencia Provincial de Palma.

Como estaba cantado o al menos sospechado, su cónyuge Iñaki Urdangarin, otrora «duque empalmado», ha visto rebajada en más de un tercio la pena que reclamaba el mismo fiscal que batalló cual abogado defensor para que la hija menor del rey emérito saliera limpia de polvo y paja del «caso Nóos». El representante del Estado deshoja ahora una margarita con los pétalos marcados para dilucidar, en base a vaya usted a saber qué truculencias legales, si reclama su ingreso inmediato en la cárcel o, por el contrario, le deja en el limbo de la libertad provisional previo pago en metálico que muy posiblemente será el prólogo de una privación de libertad tan breve como confortable y conforme a los parámetros reservados a aquellos delincuentes empecinados en demostrar, solos o en compañía de otros, que el mantra de la igualdad ante la ley es solo eso: salmodia.   

Como estaba cantado o, mejor, como era previsible, la sentencia que castiga con seis años y tres meses de estancia en establecimiento penitenciario a elegir al exbalonmanista que confundió el Tesoro público con el oro olímpico, ha levantado las suspicacias del líder de la trama Gürtel. El abogado de Francisco Correa, jefe de Álvaro Pérez «El Bigotes», el delegado territorial que regalaba relojes y bolsos a «la hija de puta de La Perla» (apodo con el que era conocida la exalcaldesa de Novelda) invocará en su recurso ante el Tribunal Supremo la resolución del caso Nóos para pedir una rebaja en los trece años impuestos a su cliente. Considera el letrado «desproporcionado» el castigo cuando lo pone en relación al que le ha caído encima al cuñado de Felipe VI, mucho más «ajustado a derecho» y «sensato», hombre por Dios.

Como estaba cantado o, tal vez, como se podía intuir, entramos en este año de gracia de 2017 que parece el principio del fin de las decenas de viejunos asuntos de corrupción abiertos en los tribunales, en una novedosa fase. En ella, los encargados de agraviar a los ciudadanos con su codicia, su latrocinio y su prepotente desparpajo, casi siempre con la complicidad de las administraciones autonómicas y locales, se han convertido por arte de birlibirloque en agraviados. Como ya no les asiste la presunción de inocencia que, por ejemplo, acaban de proclamar Mariano Rajoy y su corte para intentar justificar la permanencia en el cargo del presidente popular de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, tras ser imputado dentro de las turbulencias de la red Púnica, ahora miran con ojos escrutadores hasta el interlineado de las sentencias de sus compañeros de expolio para elaborar una estrategia basada en el victimismo más que en el Código Penal. Entramos, o sea, en la épica del regateo. Sería hasta divertido si no fuera porque las maniobras están alimentadas con el dinero que robaron sus representados. Y con los intereses producidos que nunca, pero nunca jamás, devolverán en su integridad. Como estaba cantado.

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