Ignorancia deliberada

AGUSTÍN HIDALGO

Agustín HidalgoLa elección del título para el escrito me ha llevado al diccionario ante la indecisión del mismo. ¿Incluyo necio, bobo, idiota, estúpido…? Tal vez demasiado explícitos y grandilocuentes. Al final me he decantado por el que luce más arriba que mezcla bien la mala leche y la desesperanza.
Al final, el proceso de Mallorca sobre una notable y real trama corrupta, dada la naturaleza de algunos implicados, ha terminado en circo. Circo es un término que designa una actividad lúdica fútil en aspectos sustantivos de la vida pero que sirve de divertimento. En este sentido, o en otros más o menos próximos, se refería el fiscal Horrach a la instrucción  del juez Castro en el denominado Caso Nóos para afearle ligereza, falta de profesionalidad, inventar sumarios y acusaciones sin sustrato en evidencias y otros etcéteras. Y esto lo hacía un fiscal anticorrupción mediante toda suerte de prácticas encaminadas a dinamitar el proceso. Pues bien, el reciente fallo judicial no sólo es circense sino que, además, es un sainete con el más rancio regusto de la peor tradición patria.

Un reciente artículo de un catedrático de derecho penal, viene a decir que la sentencia no aporta nada jurídicamente, y que se encuadra dentro de la argumentación habitual en estos casos. Sin embargo, le sorprende al señor académico, como igualmente le ha sorprendido el fallo al juez Castro, el elevado número de imputados que son exculpados, sobre todo los que vienen de la trama valenciana.

No abunda en explicaciones el señor catedrático, pero el lector encuentra reiterativo un argumento a lo largo del texto: la juez ha hecho tal cosa y puede hacerla, como podía haber impuesto penas más elevadas y menos elevadas. Dentro de esta discrecionalidad del juicio del juez puede invocarse que para el juez (las tres juezas) no hay elementos probatorios donde para otros puede haberlos y que la ignorancia deliberada argumentada por Cristina de Borbón y Grecia puede ser entendida como exculpatoria por nos jueces y no por otros, lo mismo que la confianza ciega en el cónyuge parece ser un argumento de justificación de actos impropios en unos casos y no en otros, dependiendo de la dignidad de las personas.

Y esto se me antoja como poco justo por mucho que lo diga un juez, porque las circunstancias concurrentes en las personas implicadas no son las mismas en función de la formación y desempeño de funciones y de profesión de los afectados. No debería tener la misma exigencia de conocimiento de hechos un ama de casa de la España rural de los años 50 que una licenciada universitaria con don de lenguas que ejerce de embajadora de una de las entidades financieras más potentes del país.

A mayor abundamiento, la consideración de ignorancia como eximente no parece muy bien regulada o no se aplica con el mismo criterio por todos los jueces en todas las situaciones porque, sin ir más lejos, ésta invocación no ha servido para eludir multas millonarias y procesamientos a individuos soberanamente incultos y sin la formación académica de la hermana del Rey como los muy ilustres señores Lionel Messi y Neimar jr.

Lo bueno de todo esto es que un juez, el juez Castro, no ha cedido a presiones y chantajes y que su ejemplo no ha tenido continuidad ni siquiera en la estética. Y lo peor es que algunos de los aspectos de la justicia pueden sentar jurisprudencia y extenderse como reguero de pólvora a imputadas populares so pretexto de que el juez puede interpretar e interpreta lo que está o deja de estar demostrado. Claro que para eso les pagamos.

¿Cómo evolucionará la carrera del fiscal y de las  juezas del Caso Nóos? El tiempo, que todo lo sabe, lo dirá cuando considere oportuno.

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