Catalunya is Spain

JESÚS ALONSO 


Dejémonos de precisiones historicistas. Olvidémonos de las apelaciones a los sentimientos y de las alusiones al ADN cultural y biológico. Aparquemos los accidentes geográficos que nos unen más que nos separan y que tienen su principal exponente en ese río, el más caudaloso del país, que juega el papel de cordón umbilical entre el abrupto norte y el suave litoral mediterráneo. No perdamos el tiempo ni las energías en gaitas idiomáticas o gastronómicas, ni en militancias futboleras que superan con creces hipotéticas fronteras. Que no nos engañen más los dirigentes estatales que batallan por preservar la cohesión de la patria solo con el pegamento judicial ni sus homólogos independentistas que propugnan la desconexión como quien desenchufa la plancha. Cataluña es España porque ambas comparten el mismo ‘modus operandi’, que diría un investigador de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal.

Las señales de que ambas conforman una unidad de destino en lo universal son tan evidentes como comunes sus señas de identidad. Allí, como aquí -teniendo en cuenta que los dos adverbios de lugar nos sitúan en el mismo punto- nos encontramos con gobiernos estrambóticos plagados de personajes estrafalarios con carnets de partidos inverosímiles que o bien introducen la cabeza en el agujero a la espera de que pase la tormenta o meten el tipex en las siglas en la confianza de que no quede huella del pasado. Como aquí, allí también habitan empresarios codiciosos que pagan el peaje correspondiente a políticos y funcionarios, comisionistas por delegación, para llevarse al agua el gato de las concesiones administrativas. En ambos sitios, que son el mismo, hay esposas idiotas que no quieren ser cómplices e hijas cómplices que pretenden pasar por idiotas. Como en la Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia o Andalucía que, para entendernos, son el aquí, allí menudean las tramas, abundan los depredadores económicos y asientan sus reales dinastías que se llaman Borbón, Pujol o Rato según la orilla del Ebro en la que han arraigado. Como aquí, allí los saqueadores han convertido los puentes aéreos con paraísos fiscales en vías de doble dirección y las normas en vigor en carreteras de circunvalación. Tanto en la Cataluña de Mas y Puigdemont, que deberían abandonar el inglés para explicar su proyecto cuando hacen bolos por el extranjero e intentarlo con el arameo en aras a lograr una mayor comprensión, como en la España de Rajoy, a quien se le entiende mejor cuando calla, los tesoreros reparten el tesoro con sus mayores pero siempre se les queda alguna pepita entre las uñas, que parece mugre democrática porque lo es.   

Como aquí, allí, en la Cataluña del ‘seny’ que los patanes de extramuros glosábamos como si se tratara de un ejemplo de modernidad y honradez, se pueden dar tantos gobiernos tramposos como aquí. Sí. En definitiva e independientemente de lo que prescribe la Constitución, Cataluña es España porque tiene casos Gürtel y Púnica a mansalva. Lo que ocurre es que se denominan de otra forma: ‘Del tres por ciento’, ‘del Palau’ o de ‘la herencia andorrana’, pongamos por caso, al frente de los cuales, como dirigentes gerentes en calidad de imputados confesos o así, también figuran bufones que en vez de responder al apelativo de ‘El bigotes’ o ‘El duque empalmado’ se llaman Jordi Montull. El que fuera mano derecha de Félix Millet, expresidente del Patronato de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música, enjuiciado entre otros muchos por apoderarse hasta de la batuta, afirmó tras la primera sesión que la segunda sería mucho más divertida. El monologuista que, dicen, está dispuesto a tirar de la manta para dejar al relente los pies de quienes fueron sus jefes orgánicos con tal de salvar de la trena a su retoña, sugiere que dará el do de pecho ante un dócil y entregado público que tanto aquí en España como allí en Cataluña no acaba de salir de su asombro. Viven encerrados en él. Aquí y allí y viceversa.

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