Cospedal tiene línea directa con el Cielo

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoMaría Dolores de Cospedal acaba de añadir a los cargos de ministra de Defensa, secretaria general del Partido Popular y presidenta del PP de Castilla-La Mancha el de médium. Es decir, de intermediaria entre los muertos y los que vamos camino de serlo. A punto estuvo de sumar a su impresionante bagaje el de pitonisa cuando vaticinó, allá por el mes de noviembre, el óbito de la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, a consecuencia de un infarto provocado, según su ojo clínico, por el acoso mediático al que estaba siendo sometida la entonces senadora territorial por la presunta corrupción a mansalva que la cercaba. Pero la autopsia frustró su pretensión, al tiempo que echaba por tierra la hipócrita indignación de muchos de los conmilitones que todavía con el cadáver de cuerpo presente mantenían vigente la premonición, al revelar que el otrora icono del poder político en la Comunidad Valenciana abandonó este valle de lágrimas a resultas de la cirrosis que le había provocado un fallo multiorgánico.

Pues bien, pese a su error de bulto no se arredró. Y en el transcurso de su intervención durante el congreso regional celebrado en la capital del Turia la multidisciplinar dirigente de los conservadores patrios hizo creer a la concurrencia que había establecido contacto con Barberá en el Más Allá –o sea, en el Cielo– para traer al Más Acá –es decir, al Purgatorio– la buena nueva de que desde tan privilegiada atalaya la difunta, seguramente rodeada por un coro de querubines y serafines, ángeles y arcángeles, Pedros y Pablos y ninots indultats, apoyaba la abrumadora designación de la mujer con la que se las había tenido tiesas en la fase de su agonía política, Isabel Bonig, como presidenta autonómica del partido. En el cónclave no salió adelante la propuesta del senador Pedro Agramunt para que fuera nombrada presidenta de honor a título póstumo tal vez porque alguien pensó con buen criterio que con la entrega a sus familiares de la Llave de Oro del Municipalismo que se había escenificado semanas atrás en presencia de un compungido y aliviado Mariano Rajoy quedaba cubierto el expediente del desagravio y lavada la mala conciencia. O, quizás, porque en la jungla valenciana aún hay mucha maleza por desbrozar y conviene ser prudentes a la hora de hincarle el diente a la cosa reputacional, que diría el jefe del Consell Ximo Puig, por un lado, y su ex homólogo murciano y emergente mártir Pedro Antonio Sánchez, por el otro.

A la ministra de Defensa hay que reconocerle que fue de los pocos políticos populares que mantuvo su adhesión a Rita Barberá hasta su último aliento en la habitación de un hotel de Madrid. Pero también habría que recordarle que sacudir el botafumeiro ante un hecho tan lamentable como un fallecimiento para exaltar a los cofrades en determinadas situaciones y en según qué ámbitos espaciales puede tener el efecto perverso de provocar la hilaridad. Cospedal está en su derecho de reclamar en privado a quien corresponda la canonización de la «Dama de rojo». Como le asiste el derecho a seguir haciendo el ridículo en público. Al fin y al cabo este es un país aconfesional en el que el ministro del Interior recién incorporado a la galería de personajes ilustres, Ignacio Zoido, condecora a la cofradía del Cristo de la Legión de Málaga siguiendo la estela de su predecesor Jorge Fernández Díaz, creador de la «policía patriótica» que no ha dejado virgen sin medalla, mientras la ministra de Empleo Fátima Báñez sigue agradeciendo al capote de la Virgen del Rocío la reducción del paro. Amén.

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