Bonig en su laberinto

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLa estridente presidenta del PP de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig, pasó en tan solo veinticuatro horas de la enmienda a la totalidad de los presupuestos que el Gobierno central destina a esta autonomía a la enmienda a la totalidad de las cuentas que había echado para dar la apariencia de que por encima de los intereses de su propio partido están los de sus conciudadanos. ¿Qué ocurrió en el lapso que media entre su adhesión al «rechazo absoluto» del trozo del pastel que le ha tocado al territorio en el que ejerce formalmente de lideresa desde el domingo anterior firmado junto al PSPV, Compromís, Podemos y Ciudadanos con el largo epígrafe Declaración institucional ante la marginación de los valencianos y las valencianas en los Presupuestos Generales del Estado 2017 y la intervención en Les Corts del coordinador de Economía del Grupo Parlamentario Popular, Rubén Ibáñez, ensalzando las partidas contenidas en el pendrive de Montoro y cargando contra el Consell y sus apoyos políticos?

Pues, queridos niños, sucedió que entre los días 5 y 6 del presente mes el portavoz parlamentario de la formación conservadora, Rafael Hernando, tomó la palabra, que en este caso es como tomar la riendas contra la disidencia. Y el verbo, claro, se hizo carne, o, mejor, considerando la idiosincrasia y las maneras de killer del personaje, hízose carnicería. O sea que sin dar un segundo de respiro a su compañera periférica para que recompusiera la figura a base de matizaciones que ya había iniciado con timidez al pedir por persona interpuesta como contrapartida a su apoyo al pacto que los abajo firmantes y promotores dijeran a qué comunidades se les detraería la parte de la cuota asignada para que el remanente viniera a parar a la valenciana, la acusó de no tener pajolera idea de lo que hablaba. A su admonición, que fue inmediatamente correspondida con toda suerte de cantos y alabanzas tanto por el delegado del Ejecutivo en la Comunidad Juan Carlos Moragues como por el debutante subdelegado en Alicante, José Miguel Saval, y el presidente de la Diputación Provincial, César Sánchez, siguió una de esas frases pretendidamente didácticas que puestas en boca de Hernando suenan a bronca: «Ahora que tendrá oportunidad de conocerlos mejor espero que cambie de opinión». O lo que es lo mismo: «Te vas tú a enterar de lo que vale un peine como no te la envaines antes del amanecer, forastera».     

Así las cosas, a los pocos días de su elección casi por aclamación y pese el clamoroso rechazo a unos presupuestos que dejan a los valencianos, alicantinos y castellonenses a la cola del reparto por cabeza, Isabel Bonig parece que ha iniciado el tortuoso proceso de decir Diego donde dijo dije sin que la retirada ante el fuego amigo pueda ser interpretada por su hipotético electorado como una cesión de soberanía en la que los intereses generales del partido que le ha dado el ser primen sobre las necesidades particulares de los paisanos que le habían otorgado la posibilidad de demostrar que tiene criterio propio. Es solo cuestión de tiempo que Bonig encuentre alguna excusa medianamente solvente, o incluso totalmente insolvente, para abandonar un pacto que amenaza con convertirse en movilización social. Preparémonos para ver, pertrechados de palomitas y refrescos, su próximo triple salto mortal con doble tirabuzón desde la segunda y sucesivas filas. En la primera estará, con entrada VIP, el resto del arco parlamentario local con el jefe del Consell, Ximo Puig, aguardando a que se rompa la crisma para aplaudir hasta con las orejas.

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