Infatigable Rato

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoO sea que Rato, sí, el Rodrigo de Rato y Figaredo coautor con José María Aznar del «milagro económico español», el político que daba consejos éticos como quien reparte golosinas en radios, televisiones, periódicos y demás púlpitos mediáticos y especializados en la materia objeto de sus desvelos, el hijo michino del padre gato, en fin, ya robaba presuntamente (¿será todavía obligatorio poner el adverbio delante del delito tratándose como se trata de tan singular personaje?) al menos desde que ocupaba cargos de responsabilidad administrativa en los gobiernos del PP.

Es decir, el mismo Rato que figuró durante meses como heredero en el primer estadillo del cuaderno azul del más bajito del trío de las Azores trapicheaba, según revela el penúltimo informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, como mediador entre sus empresas familiares y las corporaciones privatizadas por el Ejecutivo en el que lucía galones de superministro y vicepresidente. Vamos, que el Rato condenado a cuatro años y medio de cárcel en el caso de las «tarjetas black» que, no obstante, continúa disfrutando, como el ex duque consorte Iñaki Urdangarin, de la libertad y el lujo porque no tiene cara de escapista a ojos del juez, y que acumula causas en los tribunales, al parecer blanqueaba capitales en paraísos fiscales como quien se blanquea la dentadura frente al espejo incluso siendo director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) del que salió en estampida para cuidar de sus hijos, tal y como declaró nada más detectar los auditores del organismo en su aliento el acre olor de la chamusquina.             

En resumidas cuentas, que el codicioso depredador de fondos públicos, semipúblicos y mediopensionistas siguió incrementando su patrimonio y su ficha policial cuando fue nombrado presidente de Caja Madrid por el ausente y fino estadista europeo, ahora testigo despistado obligado por imperativo judicial a declarar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad en la supuesta financiación ilegal de su partido, Mariano Rajoy (poner financiación ilegal, PP y Rajoy en la misma línea, ¿será incurrir en redundancia?). Tan difícil resulta olvidar aquel certero hito bancario en la historia universal del desmán que fue jaleado casi unánimemente por la concurrencia como no recordar la apostura de Rato mientras tocaba a rebato la campana dorada con la que anunció la temeraria salida a Bolsa de Bankia, madre de todos los rescates surgida a resultas de la fusión de varios engendros con el preceptivo permiso del Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el sursuncorda.

El delincuente (¿se podrá obviar el «presunto» en un condenado que aguarda el pronunciamiento del Supremo?), que ha tenido la fortuna de que sus novedosas peripecias se diluyeran medianamente en la sobreabundancia de informaciones nacionales relacionadas con el tiempo, la ocupación hotelera, las procesiones, las tamborradas, la elaboración de monas y torrijas, la manicomiable y carpetovetónica exhibición de banderas a media asta por la muerte de Cristo en todas las dependencias del ministerio de Defensa a instancias de su titular, la pía ministra Dolores de Cospedal, ha salido al paso del informe de la UCO para rechazar de plano sus conclusiones, cosa a la que tiene derecho, y, aprovechando que el Pisuerga discurre por Valladolid, tirar de mantra. Para el ex asesor y ex consejero de Telefónica en Latinoamérica, plaza laboral generosamente retribuida que perdió cuando empezaron a pintarle bastos junto a la distinción de doctor honoris causa por, entre otras, la Universidad de Alicante, la investigación esconde una aviesa intención «política dirigida a afectar a mi buen nombre como ministro».

¿Nombre? En su caso, aquello de que el que tuvo retuvo no rige salvo si se habla, claro, de la pasta gansa. A lo mejor con el tiempo y con la venia de sus señorías lo vemos escrito en las paredes de una celda. Sería una forma como otra cualquiera de reivindicarse a la par que la demostración evidente, justa y necesaria de que quien la hace, la paga. Claro que con lo tramposo que, a la vista de las pruebas acumuladas, parece el actual aspirante a recluso no sería descartable que utilizara seudónimo para dejar constancia de su paso por el trullo a costa del contribuyente. Para variar.

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