De la madre superiora a la madre que los parió

JESÚS ALONSO

Jesús Alonso¿Cómo no asociar la imagen del expresidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, elevando los ojos al cielo raso de escayola de la sala que lo juzgó por el asuntillo de los trajes para dar gracias al Altísimo tras ser declarado no culpable con el manuscrito en el que la esposa de Jordi Pujol, Marta Ferrusola, se hace pasar por monja con galones para trapichear con los fondos que la saga expatrió a Andorra? ¿Cómo no relacionar, siquiera colateralmente, la comparecencia de la exprimera dama catalana en aquella comisión de investigación de hace un par de años en la que afirmó que su numerosa prole estaba con una mano delante y otra detrás con la celebrada recientemente en Les Corts, en la que el «amiguito del alma» de Álvaro Pérez «El Bigotes», cuya gestión también contribuyó a dejar a sus conciudadanos, pero de verdad de la buena, con ambas manos en idénticos lugares de sus anatomías, casi utilizó el plural mayestático de los papas para atribuirse la prodigiosa construcción masiva de colegios con cargo a la sospechosa empresa Ciegsa creada por Él, con mayúscula?

Ha transcurrido tanto tiempo desde que comenzó la monumental tragicomedia que se representa simultáneamente en Madrid, Valencia y Barcelona, entre otros lugares de la abrupta geografía de la corrupción, que ya apenas recordamos dónde tuvo lugar el primer acto. Aquellas conversaciones del entonces líder del PP autonómico con el que fuera gerente de la Gürtel en sus condominios, que a falta de pruebas que le hubieran reportado el correspondiente castigo judicial pusieron de relieve la catadura moral de Camps, se han convertido en la génesis, en la madre de todas las batallas electromagnéticas de la misma forma que la esposa del exmolthonorable catalán se transformaba, según hemos podido saber ahora, en la madre superiora de una congregación que ya en 1995 pedía a su gestor bancario en el Principado que transfiriera dos misales de su biblioteca particular –o sea, su equivalente en millones de pesetas de las de entonces– a la biblioteca de un supuesto capellán de la parroquia que no era otro que su primogénito: uno de los integrantes de la cofradía de la mano en la vanguardia y en la retaguardia, vamos. El de la flotilla de deportivos, o sea. Si, hombre, el que juega al tute en la prisión de Soto del Real con el expresidente de Madrid Ignacio Gonzaléz. En resumidas cuentas, el hermano mayor en el que se miraba la tropilla de descendientes-aprendices mientras los papás imploraban a la Moreneta que cesase el expolio de su patria por parte del Estado central y lamentaban amargamente los ataques a sus egregias personas, que, como se sabe, eran la encarnación de la Cataluña a la que pretendían salvar. A lo que se ve, aligerándole la bolsa.

Como ha quedado demostrado, la familia que reza y trabaja unida permanece unida. Ora et labora. Que se lo digan si no al expresidente de Les Cortes con el PP, Juan Cotino, otro gran hombre de familia como Urdangarin, Blasco, Bárcenas, etcétera, investigado también por no saber diferenciar lo que le corresponde al César de lo que es de Dios. El cultivador de caquis, entre otras cosas, que debutó en la jefatura del Parlamento autonómico parapetado tras un sobrio crucifijo unos años antes del accidente del metro de Valencia, cuya gestión cubrió de oprobio al partido y al Consell que apoyaba, forma parte de la misma secta ultrapía que Ferrusola y Camps. Al amparo de su fe, que mueve montañas lo mismo que capitales, bólidos de Fórmula 1 o vehículos papales, hace caso omiso de una de las máximas de los propagandistas del Santo Rosario y de los protagonistas del tebeo Vidas Ejemplares que establece que no es lo mismo rezar mientras se fuma que fumar mientras se reza. Se quedan con aquello de qué buenas son las madres ursulinas que nos llevan de excursión. Al huerto, claro. Y a los demás, por supuesto.

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