Publicidad

AGUSTÍN HIDALGO

Agustín HidalgoCada día, en cualquier medio, la publicidad nos ofrece un mundo idílico en el que, con frecuencia, no habíamos pensado, ni tan siquiera presentido. Es un mundo de fantasía creada a través de formas y colores que nos reclaman hacia una vida más fácil, más plena, más aventurera; hacia una vida en la que tus más recónditos sueños de juventud (y de cualquier edad) pueden hacerse realidad. Eso sí, por un módico precio, por el cómodo adquirir un producto, por el ilusionante viaje que tal o cual compañía te oferta con ventajas y descuentos sobre el precio de venta al público si participas en la estrategia de riesgo que supone confiar tu destino al anagrama que te ha elevado el ánimo.

Así es la publicidad estática en la que eres tú quien asume la responsabilidad de interpretar el anuncio, en los que las pocas letras del mensaje publicitario son prescindibles, en las que ves lo que no hay porque los miras con los ojos de tus ilusiones y tus deseos, más allá o más acá de lo que el inserto sugiere lacónicamente. Un vestido, una chaqueta, unas transparencias dicen lo que tú crees que dicen, lo que tú piensas que te están diciendo, o lo que asumes que sugieren en la medida en que te abandonas a la contemplación estética o haces cábalas de cómo te verás dentro, de cómo lucirás en tal o cual ocasión, de que es la solución para resolver esta o aquella situación o, sencillamente, escuchas cómo se activa el instinto de posesión, entre otros posibles. La publicidad estática, silenciosa, es como un cuadro sugerente que capta tu atención por sus formas, sus colores, sus motivos. Y, a partir de ahí, eres tú con tu formación, tu cultura visual, con tu capacidad de interpretación e indagación en profundidad, quien adquiere esa idea personal del cuadro que queda incorporado a tu particular sensibilidad.

Sin embargo, la publicidad sonora deja de ser sugerente para convertirse en imperativa, deja de buscarte como confidente para convertirte en consumidor, deja de mirarte desde un cuadro para atacar tus sentidos, deja de entrar por los ojos para tomar posesión de tu cerebro desde el oído, convierte el consuelo de la compañía en un griterío disarmónico construido alrededor de una amenaza comercial en base a no sé cuantos males van a caer sobre ti si no haces tal o cual cosa o adquieres tal o cual producto o contratas esta o aquella compañía de seguros. Porque hay anuncios de radio y televisión que, so pretexto de aportarte seguridad, corren el riesgo de crear una psicosis de inseguridad ciudadana y personal para la que no hay razón aparente. Es literalmente el amedrentamiento con el objetivo único de vender, vender, vender... y vender.

Es evidente que la publicidad tiende a conseguir posicionar un producto a través de hacer concebir su necesidad a los potenciales usuarios porque si no percibes que necesitas tal cosa, carece de sentido que te aproximes a poseerla, a menos que estés aquejado de algún síndrome posesivo. Pero soy de la opinión de que todo debe tener un límite y que este debe estar en la salud mental del ciudadano. Y siendo esto así, es razonable que si la empresa anunciadora no pone coto, debería hacerlo la empresa audiovisual en la/las que se inserta la publicidad. Viene esto a cuento de la campaña que mantiene la empresa de seguridad Direct Seguros en la que pinta las viviendas en riesgo inminente de ser asaltada por los peores y más sanguinarios atracadores. Se presenta de tal forma que parece que tu domicilio es el único que falta por robar y que la única salida es la instalación de tal o cual dispositivo.

Pienso que entre tantas seguridades en venta, a una que tenemos derecho inalienable es a la seguridad informativa y que ningún agente o empresa comercial debe convertir la seguridad en una maquinaria de amedrentamiento de la sociedad para beneficio propio. Un poco de control y un saludable sentido de la medida serían bien venidos.

Y esto podríamos hacerlo extensivo a toda suerte de laxantes, probióticos, antiinflamatorios, alimentos... que inundan las noches de placidez televisiva buscada y enturbian la audición de noticias o programas de radio.

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