Todos ganan, el PSOE pierde

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoSi la cara que exhibió Susana Díaz el domingo tras caer derrotada por Pedro Sánchez en la carrera hacia la Secretaría General del PSOE era el espejo de su propia alma y de las de aquellos que la apoyaron, incluidos los pesos pesados actuales y los líderes «vintage» como Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, habrá que convenir en que el porvenir que aguarda al partido no va a estar cimentado sobre un camino de rosas.

El rotundo pronunciamiento de la militancia, que ha tenido bien presente el grotesco golpe de mano de octubre pasado contra Sánchez y la imposición manu militari de la abstención en la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, aboca a la primera fuerza de la oposición a un encaje de bolillos orgánico que, no obstante, no garantiza, ni mucho menos, que la labor no vaya a acabar como el rosario de la aurora. La experiencia acumulada a lo largo de la historia demuestra que el florete no es un arma de combate en las reyertas domésticas. Prefieren la navaja, y si es de siete muelles mejor que mejor, para dirimir las tradicionales desavenencias que siempre intentan revestir con una pátina de «legítimo contraste de pareceres» y otras vainas al uso.

Por eso los llamamientos a la unidad previos y subsiguientes al resultado de las primarias han de situarse en el contexto de la batalla permanente. El desagarro es tan profundo que probablemente ni los ganadores van a mostrar la generosidad que requeriría la situación, excepción hecha de algún gesto simbólico de cara a la galería, ni los perdedores que se atrincheraron en el «aparato» van a renunciar a poner palos en las ruedas de la tartana que tiene que conducir el rehabilitado secretario general hasta el congreso federal de junio, como primera etapa del calvario, y de ahí hasta la siguiente debacle en las urnas si los principales actores del drama se empecinan en repetir una y otra vez el mismo papel y en mirarse el ombligo en vez de dirigir la vista hacia el ombligo de aquellos a los que representan y aspiran a representar por imperativo democrático.

Entre ellos, y como punta de lanza, los electores con carnet socialista que no entendieron que se diera vía libre al segundo mandato de un presidente apestado por la corrupción aunque la alternativa fuera la convocatoria de unas terceras elecciones, ni comprenden la actual tibieza y ausencia de iniciativas del PSOE al amparo de la presunta responsabilidad y del cálculo de posibilidades en unos momentos en los que la gangrena se ha extendido a todos los poderes del Estado. O sea, según el interesado análisis de algún influyente medio de comunicación, la masa informe y sin criterio que se deja avasallar por la misma hidra populista que ha propiciado la entrada de Trump en la Casa Blanca y la salida del Reino Unido de la UE. Amén.

Lo más llamativo del resultado son sus derivadas. Parece ser que el PP no le hace ascos al regreso de Pedro Sánchez. En primer lugar por lo que supone de vuelta a la radicalidad y, en consecuencia, de pérdida del voto más centrado. En segundo lugar por el desbarajuste que ocasiona en las baronías socialistas que apostaron a caballo perdedor y que ahora se aprestan a recomponer apresuradamente la figura. También Ciudadanos se frota las manos ante una hipotética cosecha de sufragios entre los electores de izquierdas más moderados. Y Podemos, por su parte, está más contento que unas castañuelas porque si bien tiende la diestra al PSOE lo que espera en realidad es que se la rechace como hizo Díaz con Sánchez para así continuar patrimonializando las esencias izquierdistas. A todos parece venirles bien la coyuntura. Al PSOE, veremos.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar