¡Viva el circo!

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoPreguntábanle al diputado nacional de ERC Joan Tardá, creo que en La 1 [sí, esa televisión pública que obviamente sufragamos a escote y que, sin embargo, no encontró hueco en sus largos informativos para dar cuenta de la declaración del inspector jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), Manuel Morocho, ante la comisión de investigación del Congreso sobre la financiación del PP en la que señaló con el dedo «indiciario» a dirigentes del partido, entre ellos el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, como perceptores de fondos procedentes de la caja B, a la que calificó de «corrupción en estado puro»]. Decíamos: le inquirían si habida cuenta su contrastada vocación separatista tenía previsto renunciar al cobro de los emolumentos que le proporcionaba el Estado opresor. A lo que cual el parlamentario respondió, como ya había hecho en otras ocasiones antes de que se declarara la independencia de Cataluña, que mientras las Baleares y la Comunidad Valenciana se encontraran bajo la bota española él seguiría al pie del cañón, defendiendo la configuración dels Països como nación soberana. Y olé. Le faltaron Las Chafarinas.

Artur Mas, hereu de Jordi Pujol, con lo que queda todo dicho, ha acabado convirtiéndose en Lola Flores. Si La Faraona rogó a los españoles que aportaran unas pesetillas per cápita para así poder hacer efectiva la millonaria sanción que le había impuesto Hacienda por evasión fiscal, el expresidente catalán ha pasado de dar el sablazo a los empresarios a universalizar la cuestación reprendiendo a los vecinos por no rascarse el bolsillo para ayudarle a reunir los 2,8 millones que aún le quedan por pagar de la fianza de 5,8 millones que le endosó el Tribunal de Cuentas por la celebración de la consulta del 9 de noviembre de 2014. Sigue enfrascado en su dómund particular, sacudiendo la hucha por Las Ramblas y afeando a la parroquia su ingratitud. Con todo lo que ha hecho él por la patria del tres per cent, hombre.

Carme Forcadell, presidenta del Parlament, pasó una noche entre rejas antes de depositar la fianza de 150.000 euros por su relevante papel en el procés. En su comparecencia en el Tribunal Supremo la máxima representante del Legislativo autonómico aseguró para templar gaitas dentro de una estrategia defensiva orientada a dar coba al magistrado que la interrogó, que lo de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) había sido poco menos que una broma, un acto simbólico y tal. Cosa de cuatro amigos que se pasan de frenada con las copas después de un opíparo banquete. En fin, que la lengua de la mariposa se les trabó y donde dijeron DUI en realidad querían decir DIU, que no es otra cosa que un inocente dispositivo intrauterino. Abjuraba la señora, como el resto de la tropilla, no solo de la peculiar proclamación de la soberanía catalana llevada a efecto a pie de escalinata institucional, sino de la solemnidad que se le quiso dar en aquella patética jornada de hace un par de semanas que concluyó con la huida a Bruselas del expresidente Carles Puigdemont y parte de su séquito perseguidos por el 155 de Caballería. Y allí seguimos: asistiendo al despiporre entre varas de mando erectas cual penes pornográficos, movidillas electorales pintorescas, expresiones esperpénticas y carpetovetonismo al más puro estilo Berlanga. Son, mal que les pese, la misma España que huele a caña, tabaco y brea, que diría Mocedades.  

Fue el homo antecessor Tarradellas quien sentenció que lo único que no se podía permitir un político era hacer el ridículo, ¿no? Pues eso. Gabriel Rufián no era una rara avis en semejante gallinero.

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