El PP solo dice la verdad cuando miente

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoSi algo hay que reconocerle a Rajoy es su previsibilidad en relación a los compromisos que adquiere. Cuando se trata de cumplir la palabra dada, el presidente del Gobierno no suele defraudar a la parroquia: casi siempre conculca el octavo mandamiento de las leyes divinas y el primero de los preceptos políticos que proscriben la mentira. Esta vulneración de las normas que el generoso, despistado o desmemoriado elector observa como venial dada su abundancia en el ámbito de la gestión pública, aunque debería ser mortal de necesidad para el futuro de quien la perpetra, es patológica en el caso del jefe del Ejecutivo. Las dudas sobre si miente adrede o sin intención quedan despejadas de inmediato a nada que se repase su historial en la materia, que más parece un memorial de agravios.

La penúltima de sus trolas se ha evidenciado a propósito de la reforma del sistema de financiación autonómica. Aunque el líder del PP garantizó en el mes de enero en la Conferencia de Presidentes un nuevo modelo para antes de fin de año que acabaría con las injusticias y discriminaciones que soportan algunas comunidades, con la valenciana a la cabeza, ahora, diez meses después, el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro ha puesto los puntos sobre las íes. O mejor, ha dado la de arena.Transcurrida una semana de la multitudinaria manifestación organizada para reclamar equidad a la Administración central y en medio de la aprobación express del Cupo vasco con el que Rajoy se ha garantizado el imprescindible apoyo del PNV a los Presupuestos con la complicidad de un PSOE con responsabilidades de gobierno en Euskadi, las aspiraciones territoriales deberán aguardar al año próximo. O así.

Aparte las complicaciones que entraña darle una vuelta al calcetín como la que se proponen encarar el Estado y las autonomías, y la pérdida de ingresos, la excusa más manoseada para propiciar que Rajoy volviera a ser un hombre previsible, como a él le gusta definirse, es que no parece adecuado que tan espinoso asunto irrumpa en medio del periodo electoral catalán que culminará formalmente el 21 de diciembre. Pero cualquier otro pretexto hubiera servido para decir Diego donde dije digo a unos servidores públicos que llegaron en primera instancia al lugar en el que permanecen, si bien es cierto que a trancas y barrancas, garantizando cosas que incumplieron sistemáticamente aduciendo que ignoraban el desbarajuste que se iban a encontrar.

Son los mismos, conviene no olvidarlo, que negaron primero el rescate bancario a cuenta del erario para admitirlo después y redondear la jugada a continuación pasándose por el arco del triunfo sus garantías de que todo el dinero depositado en la cuenta de resultados de las entidades intervenidas sería devuelto con intereses a sus legítimos propietarios. No son otros que aquellos que cubriéndose con la lana del cordero o con el pelaje del lobo en función de sus propias necesidades se apresuraron a admitir la conveniencia de consensuar un nuevo encaje territorial que nos evite sofocones como el derivado del procés cuando se vieron impelidos a legitimar con apoyos la aplicación del artículo 155 de la Constitución para, a renglón seguido y una vez desarmado y cautivo el ejército secesionista, empezar a poner palos en las ruedas de la negociación y a trazar una tupida malla de líneas rojas en el campo de juego.

Decía Abraham Lincoln que se puede engañar a todo el mundo algún tiempo y se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Pues bien, parece que el presidente norteamericano no acertó con España.

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