Rajoy nos deja estupefactos con sus perplejidades

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoMariano Rajoy es duro de mollera y su capacidad de discernimiento deja mucho que desear. No entiende aún que la calle con denominación de almirante franquista por la que correteó durante su mocedad gallega esté dedicada desde hace una década a la escritora Rosalía de Castro en aplicación de la Ley de de Memoria Histórica que tanto sarpullido causa en la epidermis del PP. El presidente del Gobierno mostró ante un puñado de militares destacados en Costa de Marfil un estupor que elevó a cotas insólitas la perplejidad de muchos ciudadanos a los que tampoco les entra en la cabeza que este hombre siga siendo presidente del Gobierno.  

Son los mismos, sufridor arriba sufridor abajo, que no comprenden ni a la de tres que el jefe del Ejecutivo, y tras él todos sus ministros y altos cargos orgánicos y administrativos, se sorprendan, se hagan cruces, se mesen las barbas y se rasguen las vestiduras cuando alguien pone en duda la separación de poderes y la independencia judicial en un país cuyo sistema está marcado por la imposición de cuotas de representación en función de las ideologías o de las adscripciones a organizaciones colegiales y donde el público asiste desde el gallinero a un constante baile de juzgadores e instructores que habiéndose ocupado durante años de espinosos asuntos de corrupción desaparecen por arte de birlibirloque del escenario cuando se aproxima el apoteosis.

La letanía garantista que pretende convencer al respetable de que las interferencias entre el Ejecutivo y el Judicial son imposibles, que siempre va a continuación de otra salmodia no menos conocida consistente en acreditar verbalmente el más firme respeto a las decisiones de los tribunales, suele darse de bruces con la contumaz realidad. Hay tantos ejemplos que parece inocente hablar de excepciones. El último, de anteayer como quien dice, es de aurora boreal. Resulta que la Audiencia Nacional ha apartado del juicio sobre la «caja b» en la que la formación conservadora guardaba ahorrillos provenientes de mil y una trapisondas y, por lo tanto, opacos al fisco, al magistrado que obligó a Rajoy a testificar en julio, cosa imperdonable, como usted comprenderá, en una nación civilizada.

El temita podía ser baladí, producto de la misteriosa mecánica judicial y tal y cual si no fuera porque da la estrepitosa casualidad de que el pasado día 20 de noviembre –vaya con la fecha– la mencionada Audiencia aprobó unas nuevas normas de reparto de faena que, vaya por Dios, deja también fuera de la timba a otro magistrado encargado de la redacción de la sentencia en el juicio sobre la contabilidad paralela del partido y cómplice del anterior en la osadía de hacer pasar el mal trago a Rajoy. ¿Y quién es la presidenta de la Sala de lo Penal que ha alumbrado el cambalache? Pues, mira por donde, la misma Concepción Espejel que fue recusada por las acusaciones populares en el causa de los «papeles de Bárcenas» dada su contrastada afinidad con el partido que sustenta a un Gobierno en cuyo Consejo de Ministros se sienta cómodamente Dolores de Cospedal, propietaria coyuntural de la cartera de Defensa y amiga declarada de la magistrada. Concha la llama en público. Y Conchi en la intimidad del cafelito de sobremesa.

Si a esta desfachatez le añadimos la circunstancia añadida de que la alta instancia judicial ha negado al Congreso de los Diputados el acceso a informes del sumario sobre las andanzas del extesorero Luis Bárcenas para que sea utilizado en la comisión parlamentaria sobre la financiación presuntamente ilegal del PP, tendremos que convenir en que si anda como un pato y dice cuá, efectivamente es un pato. Blanco y en botella. Verde y con asas. Aunque seguirán con el mantra de la independencia judicial y de la separación de poderes ad nauseam, estos chicos cada vez recuerdan más a Toni Soprano. Un gesto, un ademán, una señal a cualquiera de sus sicarios es suficiente. Sobran las palabras para que entiendan la orden y la ejecuten con diligencia. Yo no he sido, vamos. Y que parezca un accidente.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar