Preguntas

JESÚS ALONSO

Jesús Alonso¿Pero cómo no vamos a sospechar que hay dos clases de Justicia o, al menos, dos velocidades en la Justicia, o, mejor, dos niveles de influencia política en torno a la Justicia si tenemos a varios exconselleres catalanes encarcelados provisionalmente por la presunta comisión de delitos de manifiesta gravedad mientras exinsignes personajes como el yerno del rey emérito y cuñado del rey reinante, Iñaki Urdangarin, y el autor del «milagro económico español», Rodrigo Rato, siguen disfrutando de libertad pese a que fueron condenados hace muchos meses por vulnerar las leyes y mangonear a espuertas con, igualmente, perniciosas consecuencias para la prosperidad y la decencia del país?

A ver: ¿cómo no nos va a entrar la risa floja cuando nos hartamos de escuchar a las altas esferas gubernamentales y del Partido Popular garantizar la separación de poderes del Estado casi al mismo tiempo que esas mismas superlativas instancias, bien por necesidades electorales, bien por traiciones del subconsciente, bien por los nervios previos a una cita con las urnas que pueden convertirse en féretros para sus aspiraciones, se empeñan en desdecirse? ¿Cómo, en fin, puede la supuestamente avezada vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, no caer en la cuenta de que las sensibilidades están a flor de piel e incurrir en el error de atribuir a Mariano Rajoy y al PP el «descabezamiento» del soberanismo cuando, hasta aquí, el argumentario oficial imponía como artículo de fe la muletilla de la independencia judicial?

¿Y, aunque le asista la razón, cómo esta mujer que se sienta a la diestra de dios padre en el Consejo de Ministros y en el Congreso de los Diputados es capaz, sin ruborizarse bajo el maquillaje, de endosar al enemigo separatista el cultivo de la posverdad (que sí) cuando milita en una formación y secunda fielmente a un líder que han convertido el vicio de la mentira en una obra de arte (que también)? Si el procés fue una falsedad (que lo fue), que ella tradujo al «fake» inglés para darse importancia, ¿qué coño es el proceso de corrupción que ha permitido al PP financiarse holgadamente para ganar comicios públicos y nutrir cartillas de ahorro privadas?

Si algo hemos aprendido a lo largo de estos últimos meses de esperpento, aparte de constatar que no hay plazas psiquiátricas suficientes para satisfacer la demanda, es que los extremos se tocan. ¿Cómo si no se entiende que apenas un año después de que el ministro de Justicia Rafael Catalá afirmara que la responsabilidad política por la corrupción se saldaba en las urnas el expresidente del Govern, Carles Puigdemont, haya exigido para sí la prescripción automática de sus culpas si gana el 21-D?

El que tenga respuestas lógicas para preguntas tan elementales podrá sentarse por derecho propio frente al diván.

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