Prevenir los malos tratos: los hábitos de conducta son la clave

JAVIER GÁZQUEZ

Javier Gázquez

Aunque los síntomas suelen ser visibles muchas veces es demasiado tarde, la violencia machista, la ejercida por el hombre contra la mujer por el simple hecho de serlo, suele tener un arraigo mucho más temprano, incluso en generaciones anteriores. Lo mismo ocurre con la violencia infantil, la que es ejercida sobre los niños y menores de edad. Muchas veces, quienes provocan daños a partir de los malos tratos, han sido incluso víctimas de este tipo de violencia en su niñez, y por eso la relevancia que adquiere el intentar modificar estas conductas.

En efecto, diversos estudios han demostrado claramente que quien ha visto o sufrido violencia en sus primeros años de vida, tiene luego muchas más probabilidades de ejercerla también, e incluso de seguir padeciéndola durante su vida adulta. Cabe entonces preguntarse qué es lo que podemos hacer, llegados a este punto, para evitar esta herencia de violencia, intentando que las nuevas generaciones no sean víctima, ni victimarios, de ella.

El primer paso para evitarlos reside en el hogar

Andrew Morrison, jefe de la división de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo, y una de las principales voces autorizadas en la temática, suele comentar acerca de esta problemática, que la principal cuestión a considerar en pos de la erradicación de los malos tratos, tiene que ver con evitar la exposición de estas situaciones en el seno del hogar, de forma que los niños que formen parte de éste, no tomen esas conductas.

Esto tiene que ver con que a diferencia de los adultos, los jóvenes y más aún los niños, resultan permeables a todo este tipo de conductas, y si son sometidos a ellas en sus primeros años, probablemente sometan a un tercero, o sigan siendo sometidos, durante su vida adulta. La adolescencia se transforma entonces en un momento de vital importancia para generar un cambio de paradigma en las relaciones de estos niños.

No es casual que se considere a la adolescencia como ese período trascendental en pos de evitar la cadena de transmisión de los malos tratos, teniendo en cuenta que es cuando la mayoría de las personas comienzan a experimentar sus primeras relaciones sentimentales. Modificar los hábitos de conducta de los jóvenes que se han visto sometidos a situaciones de malos tratos en este momento de su vida, es de vital importancia para toda su adultez.

Prevención de malos tratos infantiles: su importancia en números

Las estadísticas son contundentes cuando se trata de explicar esta problemática. Más de un especialista con Máster Prevención Malos Tratos comenta que una niña que ha sufrido malos tratos en sus primeros años de vida, dentro del entorno familiar, tiene un 250% más de probabilidades de ser sometida a violencia doméstica cuando llega a la vida adulta, que aquella que ha tenido una infancia completamente alejada de estas situaciones.

La Organización Mundial de la Salud aporta más datos relevantes. A nivel internacional, el 38% de las mujeres que son asesinadas, lo son por sus propias parejas. No hace falta ser un especialista para comprender la gravedad de estos números y datos. Y lo más grave es que muchas de esas mujeres, consultadas en diferentes circunstancias, incluso avalan la violencia doméstica a la que son sometidas, pues han crecido con la idea de que «es normal».

¿Cómo se previenen los malos tratos?

Existen diversos métodos y opciones cuando se trata de prevenir los malos tratos, y evitar que se repliquen en los niños y jóvenes que los han sufrido. En primera instancia, la capacitación de los profesionales es el pilar de cualquier tratamiento. Luego, el trabajo comienza con todo tipo de talleres, una especie de sesiones en las que se intenta concienciar a los jóvenes acerca de los roles y estereotipos de género, como así también de los derechos sexuales y reproductivos que corresponden tanto a hombres como a mujeres.

También existen casos de programas que utilizan el apoyo multimedia para demostrar a los hombres las conductas de violencia más comunes que ejercen, de forma que puedan reconocerlas, y así quitarlas completamente de su registro de relaciones. Siempre con el objetivo de generar conciencia y sensibilizar. Determinados programas trabajan con mujeres y hombres juntos, mientras que otros abordan sus problemáticas y posibles soluciones por separado.

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