Vicente Sala

JUAN NAVARRO

Juan NavarroEl viernes 9 de diciembre de 2016 alguien me llama a mi teléfono móvil; observo que el número de la llamada entrante termina en 0100. “Dime, Mari Carmen”. Estuvimos hablando largo rato pero no me habló de las tensiones familiares. Me habló de su tristeza tras la muerte de Vicente; me habló de las bondades de “aquel hombre que lo fue todo para mí, que llenó mi vida y que todavía no me he hecho a la idea de que no esté entre nosotros y todavía deslizo mi mano entre las sábanas para encontrar la suya cuando entra la luz por la ventana de nuestro dormitorio”.

No me considero amigo de la familia pues excepto a Vicente y Mari Carmen, no conocí a ninguno de los hijos, pero la noticia de la muerte de Mari Carmen me afectó mucho. Nadie merece morir de dos balazos en la cabeza.

Vicente Sala Belló llegó al Consejo de Administración de la Caja de Ahorros del Mediterráneo sustituyendo a Ignacio Gabriel Jiménez Raneda en la presidencia del Consejo Territorial de Alicante de la Caja de Ahorros del Mediterráneo.

Cuando Eduardo Zaplana es nombrado Presidente de la Generalitat Valenciana, con buen criterio, decide sustituir a los hombres de Juan Lerma en la CAM por personas que él considerase de su confianza.

La relación de Juan Lerma con Vicente Sala venía de antaño. Alguien me confió que el padre de Lerma y Vicente habían sido buenos amigos e incluso uno trabajó para el otro. Alguien me dijo también que Juan Lerma, persona poco querida en Alicante, excepto Franco, Moreno, Pérez Ferré y pocos, le decía a su chófer: “Llévame a la Finca La Torre, que es el único sitio de Alicante donde me encuentro a gusto”. Vicente Sala Bello era un excelente anfitrión que no gustaba de comer fuera de casa e incluso prefería que sus compromisos lo hicieran en la antigua “Villa García” en lugar de un restaurante. Únicamente aceptaba invitaciones en los reservados de El Maestral y si la comida no era de su agrado pero debía asistir, prefería El Jumillano.

En febrero de 1998 se renuevan los órganos de gobierno de la Caja del Mediterráneo. Juan Antonio Gisbert había negociado tibiamente la permanencia de Román “Manchi” Bono Guardiola como Presidente, pero habida cuenta la determinación de Zaplana de cambiar al máximo responsable no ejecutivo de la CAM, “Si dejamos al Director General puesto por Lerma, al menos cambiemos al Presidente y que se note que mandamos”, dicen que dijo Zaplana a su hombre, entonces, de máxima confianza, José Joaquín Ripoll Serrano, Manchi tuvo que abandonar la Presidencia aunque siguió siendo vocal del Consejo a petición de Gisbert.

Gisbert, “el genio tenebroso”, gran experto en cambiar el caballo a mitad de la carrera, dejó caer a Bono cual “Kleenex” a pesar de los grandes servicios que “Manchi” había prestado a Gisbert y no tuvo más remedio que aceptar a Vicente Sala Belló como nuevo Presidente de la CAM, a Armando Sala Lloret como nuevo Presidente territorial de Alicante, la continuidad de Antonio Gil Terrón como Presidente del Consejo Territorial de Valencia y Asesor Económico del Presidente de la Generalitat y a Francisco Javier Guillamón Álvarez como nuevo Presidente Territorial de Murcia, impuesto bajo en “diktat” de Carlos Aragonés, asesor de José María Aznar, Presidente del Gobierno de España y en contra de los dicterios de Ramón Luis Valcárcel, Presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia.

Eduardo Zaplana no se fiaba de Vicente, pero la CAM era un problema menor entre los que contemplaba en su toma de posesión: Doblegar a Unión Valenciana, conseguir que el PP valenciano le respetase y por ahí. Por tanto dejó hacer a su segundo Ripoll, el cual, “in illo tempore”, se llevaba muy bien con Vicente Sala. Pero Zaplana, zorro y astuto, puso una guardia de “Corps” rodeando al Presidente.

La primera actuación de los “tres tenores” (Gil-Terrón, Sala y Guillamón), con el concurso del escudero Paco Grau, secretario general del Consejo, fue crear la “mesa”.

Yo le decía a Armando Sala que más que una mesa aquello era un taburete, pero la “mesa” se encargaba de consensuar con el Director General, Juan Antonio Gisbert “El genio tenebroso”, el orden del día de los consejos.

Durante la etapa socialista; no olvidemos que Gisbert consiguió llegar a Director General tras un golpe de estado del cual Juan Lerma dio el enterado”, el Consejo y ratificado por la Asamblea General, Ramón Berenguer mediante, dio amplios poderes al Director General, de tal forma que Gisbert tomaba decisiones a espaldas del Consejo y luego lo sometía a la Asamblea para su ratificación. La “mesa” se creó para ordenar esa anomalía, calificándola de forma cariñosa.

Pero una de las cinco patas que conformaban el pentágono de la “mesa” estaba mal colocada y Vicente Sala, bien por ignorancia, bien por vanidad o bien por otras causas, excepto las económicas, flaqueó.

El resto ya lo sabe, querido lector. Cuando Camps sustituye a su mentor en la Generalitat, su único objetivo era borrar los restos del zaplanismo y tardó ocho años en conseguirlo, algo que el anterior había tardado tres. Camps no permitió a Vicente Sala continuar “por imperativo legal” y nombró a Modesto Crespo “Sonrisa de hiena”.

Tania de la Torre, Directora de Relaciones Institucionales y Comunicación de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, me informó: “Juan, el Consejo te va a nombrar Director de la Obra Social, pero Gisbert no acepta el pulso y no lo tendrás fácil”. Le dije a Tania que no me extrañaba que Gisbert no lo aceptase, pero que no me importaba. Corría el mes de abril de 1999.

El Chevrolet Tahoe franqueó la puerta de “Villa García”, o mejor “Finca La Torre”, y me recibió Vicente en el espectacular “RiuRau” de su casa. Una camarera con cofia y guantes inmaculadamente blancos me preguntó qué quería cenar: “Ensalada y carne”. Bebimos un excelente “Pago de Carraovejas” que Tomás Postigo cuidaba con esmero. Me informó que el Consejo me nombraría, en su próxima reunión, Director de la Obra Social. Yo acepté el cargo, “cualquier soldado de Napoleón lleva en su macuto el bastón de Mariscal, como Ney”.

Hoy me informan que Vicente Sala Martínez y su tía abandonan el domicilio de la “Finca La Torre” y no es una buena noticia para mí.
Pero tampoco fue una buena noticia para mi querido amigo Francisco García Chinchilla que sus tíos y padre vendieran Villa García a Vicente Sala Bello. es la vida misma.

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