Como elefantes en una cacharrería

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoUno de los múltiples problemas que tiene el PP, y en consecuencia el Gobierno que sustenta a trancas y barrancas, es el de comportarse como un elefante en una cacharrería. Sea por vivir en una realidad paralela, por chulería o por falta de empatía con los ciudadanos, sus integrantes más emblemáticos, estén en activo, en pasivo o al tresbolillo, tienden a entrar como paquidermos en el estrambótico tablero de ajedrez de la política nacional. El resultado es obvio: en la desbandada no dejan taza sin asa ni botijo sin pitorro.

Verbigracia: cuando la expresidenta de la Comunidad de Madrid, condesa consorte de Bornos, excondesa consorte de Murillo y Grande de España por la gracia Dios, amén de otros tropecientos cargos y distinciones, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, asegura desde su palacete de mil metros cuadrados del barrio de Malasaña que no tiene dinero para pagar la minuta a un abogado que la defienda de las acusaciones del que fuera su mano derecha, Francisco Granados, sobre la financiación ilegal del partido, está llamando tontolculo al jubilado que se manifiesta frente al Congreso de los Diputados por la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones y por el futuro de las que han de disfrutar sus hijos y nietos con permiso del Pacto de Toledo o del Parto de los Montes, según.

Otro botón para la misma muestra: en el momento en que la actual mandataria de la susodicha autonomía, Cristina Cifuentes, afirma que solo guarda tres mil euros en su cuenta corriente para responder a las sospechas deslizadas por el personaje mencionado más arriba y alardea de vivir de alquiler cuando todo el mundo sabe que cobra más que el presidente del Gobierno y que ya percibía unos emolumentos superiores a los de Rajoy siendo delegada del Ejecutivo en la capital del Reino, está, sencillamente, hiriendo la sensibilidad de millones de desempleados y de trabajadores a los que no les alcanza el salario para llegar a fin de mes.

O ambas son unas manirrotas o no saben el terreno que pisan. O, lo que es peor, lo saben pero les importan un carajo las circunstancias en las que viven muchos de sus conciudadanos y las penurias que se ven obligados a soportar. La paquidermia está muy extendida en la sabana popular. Sin necesidad de prismáticos, a simple vista, el fenómeno zoológico se puede observar tanto en el argumentario elaborado por los lumbreras de cabecera para oponerse a la huelga de mujeres del 8 de marzo como en las declaraciones del líder supremo sobre las bondades del ahorro como complemento del peculio postrero a sabiendas de que el verbo ahorrar es de difícil conjugación debido a la anorexia de las nóminas. Si es que se está en posesión de tan rara avis, por supuesto.

La estampida de los proboscidios tiene unos efectos letales sobre el sentido común. Rajoy, volviendo a los ejemplos, aplasta la inteligencia que se atribuye a sus compatriotas cuando al hilo de la elección de Luis de Guindos para la vicepresidencia del BCE [sí, el consejero de Lehman Brothers para Europa y director de la compañía en España y Portugal hasta la quiebra que dio el pistoletazo de salida a la crisis] presume de haber sabido rodearse de los mejores de la clase. Y, claro, a uno le vienen a las mientes Alberto Ruiz Gallardón, Ignacio Wert, Fernández Díaz, Dolores de Cospedal, José Manuel Soria o el nunca bien ponderado Francisco Camps, su valedor y todavía miembro espurio del Consejo Jurídico Consultivo que ha añadido a su colección una nueva declaración como investigado por el asunto del viaje del papa Benedicto XVI a Valencia, por entresacar unos pocos, y siente que le acaban de dar un trompazo. Con la trompa, por supuesto.

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