De tripartitos y fantasmas

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLlora el alcalde de Alicante Gabriel Echávarri con las amargas lágrimas del fracaso tras decir adiós al cetro que le hizo rey por un rato y, apesadumbrado, comparece ante el sanedrín para hacer el mutis por el foro al que obligan los dos procesamientos que penden sobre su cabeza. De paso, elogia sin mesura a su mentor político Ángel Franco, que lo es también de otros muchos. Entre ellos el sucesor del dimisionario en el organigrama del PSOE. El Franco guerrillero de las mil y una guerras civiles que han desangrado las siglas que lo mismo se codea con el empresario corrupto Enrique Ortiz que saborea con la nariz los puros que se fuma por la boca en la plaza de Los Luceros el líder supremo Ximo Puig y que a base de presencia ectoplásmica dentro del socialismo local se ha convertido en una réplica del Fantasma de Lucentum, que diría el escritor aborigen Gerardo Muñoz Lorente.

Derrama lágrimas torrenciales la todavía formalmente primera autoridad municipal que aun cuando ocupaba despacho preferencial solo representaba un tercio del malhadado tripartito, mientras el PP de Luis Barcala, legatario de la herencia envenenada testada por Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo, que tampoco acabaron mandato, se frota las manos, y hasta los ojos si me apuran, por las facilidades que el enemigo le ha dado en su camino hacia la recomposición de la figura y, a lo mejor, hacia la reconquista del palacio consistorial en un futuro cada día más cercano. O antes. Por sus respectivas partes, Guanyar y Compromís se lamen las heridas con pajita y ponen condiciones a las condiciones que antes puso Echávarri con tal de cerrar el paso a la formación conservadora que atrajo para la ciudad, no se olvide, un indeseado plus de publicidad en los informativos nacionales. Sección Tribunales.

Al igual que la loba tenía cinco lobitos detrás de la escoba, las izquierdas precisan un mínimo de quince concejalitos con el voto detrás del pabellón auditivo –Un negro detrás de la oreja, lo titularía Lorente– para que la pupila del atropellado alcalde en el fondo y en las formas, Eva Montesinos, recoja la vara de mando o, mejor, el piolet que va a necesitar para escalar los escombros dejados por los puentes tendidos en su día con Pavón y Bellido sobre cimientos que se evidenciaron endebles ya en el plano y que acabarían siendo dinamitados por el juez, pero también por los sabotajes registrados con anterioridad en el seno del gobierno doméstico. De aquellos polvos, estos lodos. Y de aquella corporación esta descomposición a la que, por no faltarle, ni tránsfugas le faltan.

Y en esas están. Haciendo el pino a poco más de un año de las elecciones y con un penoso bagaje que ofrecer al respetable. Negociando como quien intercambia cromos al amparo de una esquina lo más alejada posible de la posición que ocupa el vigilante del patio de recreo y con planteamientos filosóficos hamletianos de fondo. Ser o no ser parte activa, si bien provisional, del nuevo invento con los próximos comicios a tiro de piedra, se preguntan los exsocios minoritarios a sabiendas del ridículo que han perpetrado al alimón con el PSOE. ¿Quedarse en la periferia para empezar a delimitar territorio como marca propia y ajena a las poluciones nocturnas y diurnas que ha deparado el fallido experimento o tropezar en la misma piedra? Esa es la cuestión.

Así las cosas, los populares toman carrerilla, registran ante notario mociones de censura improbables que, además de mantener la tensión mareando la perdiz, no apuntan a otro objetivo que el de animar a retratarse a los consanguíneos de Ciudadanos y se erigen en salvaguarda de los intereses de la maltrecha urbe frente a la atonía y la parálisis derivadas del tanteo reconstructivo de un parto con fórceps que acabó en aborto. Ahí están y ahí nos tienen. Como la Puerta de Alcalá: viendo pasar el tiempo.

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