Gabriel Echávarri

JUAN NAVARRO

Juan NavarroDos mil quinientos años ha que los griegos afirmaban: “Los dioses enloquecen a los humanos a través de la vanidad”.

Un viejo compañero, jubilado como yo, tomándonos unos vinos a mediodía, me decía: “Juanito, el problema de Echávarri es que le faltó un asesor como Antoñico Moreno, en lugar de los dos compadres: Pedro de Gea y Lalo Díez. Moreno le hubiese explicado las covachuelas del Ayuntamiento y la forma de hacer bien las cosas”. Apuré la copa de “Bosque de Matasnos”, pedí otra y asentí.

La ley de Contratos con las Administraciones Públicas (LCAP) es algo así como rellenar con bicarbonato de sosa los macarrones, lo cual causa y cura las indigestiones a la vez (Groucho Marx, Una noche en la ópera) y un alcalde populista no puede estar sujeto a ese corsé administrativo, ahora mucho más anudado, que no evita la corrupción pero sí evita una buena gestión de los problemas locales que necesitan rápidas soluciones.

Cuando en Septiembre de 1991 ETA atentó en Muchamiel, con tres muertos y varias viviendas destrozadas, Antonio Fernández Valenzuela, entonces presidente de la Diputación, pidió a su hombre de confianza y diputado de todo, Antonio Martínez, “El atómico”, que se reparasen los daños y se reformasen las viviendas dañadas en el menor tiempo posible. En poco menos de un mes, las viviendas fueron restauradas y las familias de los tres asesinados fueron atendidas. De acuerdo a la LCAP se hubiese tardado muchos años en conseguir paliar en lo posible el daño realizado por los asesinos nacionalistas, pero imperó la cordura y se consiguió en tiempo récord. La actuación del presidente de la Diputación fue ¿prevaricación sabiendo que se incumplía una ley?, ¿cohecho, destinando un dinero a otro fin diferente al presupuestado? Yo no me atrevo a calificarlo pero la realidad fue que las familias de los asesinados, al menos, pudieron recuperar sus viviendas en poco tiempo.

José Luis Lassaletta afirmaba que el alcalde, con la ley de Régimen Local en la mano, puede gestionar el Ayuntamiento habida cuenta que los concejales tienen su cometido por delegación del alcalde, es decir, son concejales-delegados, por ello el poder del alcalde es infinito pero depende de la inteligencia del primer edil que ello pueda llevarse a cabo sin problemas.

Lassaletta, en las elecciones del 10 de junio de 1987 sacó 12 concejales mientras que IU-Unitat del Poble Valencià tuvo 2, sumando ambos era mayoría absoluta, y Lassaletta comprendió que debía mimar a María Teresa Molares. Le dio un puesto en el Consejo de Administración de Aguas de Alicante, S. A., con dietas importantes y regalos en Navidad (hablamos de más de 18.000 euros anuales de la época y Vega Sicilia y Dom Perignon a pajera, más viajes y asesores y puestos en los patronatos y colocar al bachiller elemental Carlos Mateo y antiguo locutor de Radio Falange, como Comisario del V Centenario de la ciudad y Gerente de la Fundación Cultural Caja de Ahorros del Mediterráneo (nunca un personaje tan falto de preparación académica llegó tan lejos). Ello le permitía a “Lassa” disfrutar de lo que le gustaba: ejercer de alcalde, que la gente le saludara por la calle, conversar con Federico Sala, platicar con Luis de Castro y ponerlo al frente del Principal (sabia decisión pues de Castro sabe de teatro lo que no sabe nadie) y por ahí, pero Pepe Lassaletta era un hombre honrado, me consta, y no se enriqueció del cargo: dejó hacer. Por ello y volviendo al inicio de esta pastoral, la LCAP es un arma complicada para los alcaldes honrados y un coladero para los alcaldes que digamos tienen la conciencia un poco más laxa.

En 1991 Ángel Luna obtuvo 12 concejales e IU 2. Una nueva asociación ciudadana denominada Solidaridad Cívica Alicantina (SCAL) fundada por Diego Zapata Pinteño, obtuvo un concejal con el concurso de José Luis Valdés, líder vecinal. Luna pactó no sólo con Molares, la jefa entonces de IU sino también con Zapata, e incluso con Ángel Mínguez, concejal del PP que tras un incidente automovilístico se marchó del partido. Mínguez disfrutó de honores y prebendas los quince últimos meses de concejal. Obviamente Luna tenía el encargo de sacar adelante el PAU 4 de la CAM (Gisbert) y de HANSA (Gálea Expósito).

En 1995, recién llegado el Partido Popular al poder municipal, uno de los concejales votó en el pleno en contra de una proposición de su partido. Se armó la “marimorena” y el concejal díscolo, llamado Pedro Romero Ponce, afirmó: “El Señor Alperi no se ha percatado que en esta Corporación somos 14 alcaldes”. La vanidad del Señor Alperi justificó esa salida de tono de Romero, pero Alperi, viejo zorro donde quieras buscar, aparcó su vanidad, fue consciente de que aún con mayoría absoluta puede tener sorpresas si no trata bien a la “camada” y se dejó invitar por Romero y su encantadora esposa a una cena y “pelillos a la mar”. Se intercambiaron regalos y don Pedro, concejal de cultura, pudo seguir desde su corazón a sus asuntos.

Pero las cosas hay que hacerlas bien y Echávarri no puede tener de asesor a la “reina de la noche” Lalo “la lona” Diez mientras que su socio de gobierno, el bilioso Pavón monta el pollo con el tema de los veladores y las terrazas, puesto que Lalo Díez tiene intereses en el tema y encabrona a Pavón que es un socio que has buscado para ser alcalde. No puedes darle gusto a tu vanidad cuando Luis Barcala te envía al juzgado por hacer las cosas mal en los contratos previstos en la LCAP,  y henchido de vanidosa vanidad vengarte en su cuñada y tirándola a la “puta calle”,  a ella únicamente cuando eran 42 los funcionarios interinos que debían cesar. Encabronamiento inútil de Barcala y los fiscales, que derrapan más hacia Pavón que hacia Barcala, dicen que la política hace extraños compañeros de cama, y van y le pegan una cornada al Echávarri que lo levantan en peso.

Y presa de la misma vanidad y soberbia le pides a tu asesor que te diga lo que hay que hacer y entonces reculas y la recuperas confirmando que se te calentó el bocado cuando la tiraste a la calle. Y todo eso ocurre con una recomendación escrita de la concejalía de personal diciendo que efectivamente la cuñada de Barcala debería ser cesada pues su permanencia y la de los otros 42 era alegal. No se pueden hacer peor las cosas, pero en ese momento los dioses habían conseguido su objetivo: habían vuelto vanidoso, ergo loco, a Gabriel Echávarri Fernández, y lo acercaron más a los demonios. Tuvo su momento de gloria echándole un par y gobernando con seis concejales, y estos concejales ante la disyuntiva de perder cargo, coche oficial, tarjeta, comidas, dietillas, prebendas, asistencias a consejos de administración y demás pesebres y letrinas municipales, le siguieron aborregadamente para mantener el sueldo; es comprensible que estos ignorantes que gobiernan el Ayuntamiento piensen que fuera hace mucho frío y ¿cómo voy a pagar el piso, el viajecito, las vacaciones y el campamento en Irlanda del chiquillo de mi nueva novia? y por ahí. Pero querido “Grabiel”, el personal es muy olvidadizo y ahora la Montesinos reniega de ti (para ella ya has llegado a transmutarte en diablo) y de lanzarte mimitos y cariñitos en tiempo pasado ahora ni siquiera te conoce, pero no te inquietes, al mejor político que ha pasado por esta provincia en los últimos siglos y que se llama Antonio “Moscú” Fernández Valenzuela, le pasó lo mismo y afirmaba: “Juanito, les enseñé a comer y ahora me niegan el pan". No te quiero informar “Grabiel” a quienes se refería, pero uno está en la “luna” y el otro está en “el puerto”, al tercero le llamaban “dónde vas triste de ti”.

Siguiendo con el esperpento, la sucesora del alcalde, doña Eva Montesinos, necesita quince votos pero únicamente dispone de seis votos suyos y rebusca en sus antiguos compañeros de “camastro”. Y para que el esperpento pase de Valle Inclán a Ionesco, ahora el concejal tránsfuga Sepulcre, se postula como alcalde de la ciudad. Y Nerea Belmonte, expulsada de Guanyar por trocear contratos, algo que ha llevado a Echávarri a dimitir y ella sigue en el “festolín” (La justicia es ciega, a veces), le dice a Montesinos que no hay problema: “Keine Probleme” que dicen los alemanes, pero que eso pasa por un sueldo, dos asesores y puestos en las empresas municipales, ¡Viva la izquierda solidaria y justiciera!

Esta fábula necesita su moraleja y ahí va: Llamemos a Lokímika, empresa que lleva millones de años de contratistas para desratización, desinfectación, mata moscas y mosquitos y demás plagas, para que entre en el Ayuntamiento de Alicante y lo fumigue con “zotal” y “flit” que es lo que se usaba en la postguerra. Una vez conseguida la fumigación respétese el periodo de seguridad y elijamos, si ello es posible, a grandes próceres de la ciudad a saber: El Negre Lloma, Ramonet, Caruso, el Sargento Moquillo, Juanito Soler, la novia de Caruso, El Chache ¡perejil, limones!, la Chelito de las Tinajas, el Siete curvas del barrio, José María que vendía “bambas” y “churritos” a domicilio los domingos y por ahí para gestionar el Ayuntamiento hasta las próximas elecciones, y a Pavón, Belmonte, Montesinos, Bellido, Sepulcre, Espuch y demás familia al paro. Sería mucho más efectivo y mucho más barato.

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