Parecidos razonables

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoInsiste Ximo Puig en la teoría de los polos opuestos después de que el exalcalde de Benidorm Agustín Navarro y la que fuera aspirante a gobernar el Ayuntamiento de Alicante, la fugaz transformista Etelvina Andreu, hayan sido llamados a declarar en calidad de investigados por un presunto delito de financiación ilegal del PSPV-PSOE y por la adjudicación irregular de un contrato a una empresa amiga, respectivamente. Por posible corrupción, en román paladino. Alega el secretario general de los socialistas nativos para intentar despejar las dudas que han surgido en las últimas semanas respecto a la cacareada honradez del partido que ostenta la titularidad del Consell por la gracia de dos –Compromís y Podemos– y marcar distancias con el PP, que no todos los políticos son iguales ni se comportan de manera similar en la gestión de los intereses generales.

Y algo de razón tendrá aunque solo sea por el hecho de que la intuición y un somero cálculo de probabilidades sin ningún rigor matemático obligan a concluir que sería harto difícil que algunas otras siglas hubieran sido capaces de alcanzar en la Comunidad Valenciana y en el resto del país las descomunales cotas de degradación ética, depravación moral y devastación económica logradas por una organización mafiosamente estructurada, según señalan las fuerzas de seguridad, los fiscales y los jueces encargados de investigar y sancionar el expolio. A vuelapluma y aun a riesgo de que la realidad estropee el titular a vuelta de hoja de calendario, se antoja metafísicamente imposible que, en este caso, los extremos se toquen como propone la desmesurada presidenta popular Isabel Bonig, una mala imitación de la Mónica Oltra que oficiaba de azote del PP en el Parlamento en la fase previa a su conversión en vicepresidenta del gobierno autóctono también por la gracia de dos (PSOE y Podemos). La lideresa de la derecha rampante ha visto en el lance una ocasión de oro para resarcirse de tanto agravio, pero da la sensación de que no acaba de percatarse de que mientras el tiempo ha venido a dar la razón con creces a la también consellera de Igualdad, todavía está por ver hasta dónde llegará la riada ahora que la pelota se sitúa en el tejado de los integrantes del botánico pacto.

No se parecen los unos a los otros, y viceversa, como gemelos monocigóticos, pero sí apuntan rasgos comunes que los convierten en primos carnales. En este sentido, la defensa que esgrime el principal apóstol de la cruzada en pos de la reconquista de la reputación perdida, y con él su socio del Bloc también bajo sospecha, el presidente de las Cortes Enric Morera, se asemeja como una gota de agua a otra al argumentario que repite con escaso éxito de audiencia y de credibilidad la formación conservadora. El mantra del presidente de la Generalitat y de algunos de los conmilitones imputados es equiparable a la salmodia que invocaban sus oponentes para echar balones fuera antes de que no quedara lugar en la portería para más goles.

Así las cosas, el presidente de la Generalitat debería poner las barbas en remojo tras observar cómo se las pelan al vecino de bancada y quién sabe si de banquillo en un futuro más o menos lejano. Es decir, optar por la prudencia y no lavarse las manos con jabón Heno de Pravia al amparo que brinda la ausencia. Si acaso con Lagarto. No vaya a ser que le ocurra a su partido lo que aconteció en el PP, que ha pasado de proclamar que no había irregularidades ni ilegalidades, ni materia judicial posible en su inmaculada trayectoria, y que todo eran insidias del enemigo, a tener enfrente un desolador panorama que ha culminado provisionalmente con las demoledoras consideraciones emitidas por el Tribunal Supremo para mantener las condenas decididas por el TSJCV en relación al caso Fitur, que incluyen el ingreso inmediato en prisión de la exconsellera de Turismo Milagrosa Martínez entre otras perlas.

Si a este penúltimo varapalo le añadimos el lamento de la acusadora pública en la causa abierta por supuesta financiación ilegal del PP autonómico en tiempos de Francisco Camps al no haber conseguido llegar hasta la supuesta aunque evidente equis del asunto por culpa de la prescripción que establecen las leyes pese a que los imputados, desde Correa hasta Ricardo Costa, han cantando como tenores, habremos de convenir en que la corrupción es una madeja de lana: se sabe, más o menos, dónde acaba y, con paciencia y ganas de tirar del hilo en sentido inverso, se puede averiguar dónde empieza. Pero entre uno y otro punto pueden aparecer infinidad de nudos y deshilachamientos que deparen ingratas, digamos, sorpresas.

Haría bien Puig en tentarse la ropa y repasar las hemerotecas para evitar poner la mano en el fuego por nada ni por nadie, ni siquiera por sí mismo, para no incurrir en el mismo vicio que Rajoy, que lo hizo con entusiasmo masturbatorio y ahora tiene quemadas hasta las pestañas.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar