Rajoy, Camps, el pato y la pata

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoParece obvio que si anda como un pato, nada como un pato y dice cuá, es un pato. Pero si encima viene un ornitólogo con su cuaderno de campo, su impedimenta de coronel Tapioca, sus prismáticos y demás parafernalia acreditativa y confirma que, efectivamente, el ave que tienes delante no es ni más ni menos que un pato, las pocas dudas que podías albergar se desvanecen ipso facto. Estaba claro que el PP se ha financiado ilegalmente para acudir dopado a las elecciones y ganarlas, pero faltaba que los jueces-ornitólogos escrutaran su plumaje y lo avalaran con la fuerza del derecho y la pericia de los investigadores. Y así ha sido. En apenas tres semanas, dos veces, dos, la Audiencia Nacional ha resuelto que claro que es un pato. O leche, si es blanca y esta embotellada. O verde y con asas si se trata del antiguo botijo de barro de ese color en el que se refrescaba el agua en la época califal.

Si en la sentencia por la primera etapa de la trama Gürtel el tribunal consideró «plena y abrumadoramente acreditada» a nivel nacional la existencia de una contabilidad paralela en el Partido Popular generadora de «un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional», amén de tildar de inverosímiles las explicaciones al respecto de su presidente Mariano Rajoy (Mariano Eme Punto en los papeles de Bárcenas) en su comparecencia como testigo, ahora el magistrado Vázquez Honrubia falla que el PPCV financió sus campañas en los años 2007 y 2008 «de manera tan absolutamente irregular que fue delictiva» en la sentencia sobre las incursiones del clan Correa en la Comunidad Valenciana que ha devenido en la condena del «arrepentido» exdirigente Ricardo Costa y otros 17 encausados más, entre ellos clásicos perejiles de todas las salsas, cobardicas en grado sumo, como el presunto empresario alicantino Enrique Ortiz.

Cincuenta y siete actos de exaltación electoral, 57, fueron pagados con dinero proveniente del fondo de reptiles, según ha demostrado la UDEF. Casi sesenta saraos que contribuyeron a que Rajoy ascendiera al lugar del que acaba de despeñarse tras la moción de censura y que se verificaron durante los mandatos del amiguito del alma de «El bigotes», Francisco Camps. Hábil contorsionista, redomado escapista y embustero sin par en la línea de su encarcelado precursor Eduardo Zaplana que, de momento, ha salido del trance limpio de polvo y paja gracias a prescripciones y otros jeroglíficos legales y pese al señalamiento digital de varios de los condenados, el expresidente de la Generalitat, indecente perceptor de sueldos y prebendas públicas inherentes al cargo que ostentó, ha merecido la impotente censura tácita de su señoría togada. Si es verdad que se coge antes a un mentiroso que a un cojo hora va siendo de que termine el maratón.

Andaba Rajoy impartiendo en la junta directiva nacional de la formación conservadora una de sus lecciones magistrales sobre la legitimidad de Pedro Sánchez como jefe del Ejecutivo cuando le estalló en la sotabarba la cruda realidad. Sigue obcecado el líder en vías de extinción en demostrarnos que el pato no es tal, y como se le acumula la faena mete la pata. Hablar de legitimidades y merecimientos justo el día en que la Justicia te repite por segunda vez en pocos días que has hecho trampas, que has jugado sucio y que has triunfado en fraude de ley es, cuando menos, inoportuno. Al defenestrado mandamás se le apareció el pasado mientras debatía con su sanedrín una estrategia que permita a su heredero llegar al futuro sin pasar por el presente. El problema que tiene Rajoy con los tiempos, verbales y físicos, es el mismo que padece la presidenta del PP valenciano Isabel Bonig. Ambos decretan que la corrupción propia es agua pasada por el mero hecho de que los infractores fueron convenientemente depurados en su día. Las consecuencias de aquellos polvos no son, para ellos, estos lodos. El primero asegura que la redención está en las urnas y la segunda piensa que reside en la salmodia. Si la siempre excesiva dirigente aborigen mira por el retrovisor lo hace para equivocarse. Por eso le convendría no insistir en el error después de que la sentencia haya constatado que el acto con el que puso fin a su campaña para la Alcaldía de la Vall d'Uixó en 2007 fue abonado por la mafia Gürtel con dinero que su partido recaudaba entre los nueve empresarios condenados por financiación ilegal.

Seguro que todo se hizo a sus espaldas porque ella estaba dedicada en cuerpo y alma a gestionar y a buscar fórmulas para procurar el bienestar de sus convecinos y la intendencia se escapaba a su control. ¿A que sí? Una discomóvil y los 36 metros cuadrados de moqueta azul ducado que animaron el fiestorro señalan, sin embargo, la dirección contraria. ¿No habría que empezar a pensar ya en la posibilidad de promover la ilegalización de la banda?, inquiero.

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