Sánchez se incorpora al circo

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoCasi al mismo tiempo que el delincuente confeso recientemente condenado Ricardo Costa, a la sazón exdirigente del PP de la Comunidad Valenciana, clavaba un par de banderillas negras más en el morrillo del expresidente de la Generalitat Francisco Camps durante su comparecencia como testigo en el caso de la construcción del circuito de Fórmula 1, el portavoz del mismo partido en el Congreso, Rafael Hernando, criticaba a su montaraz manera el hecho de que el efímero ministro de Cultura Màxim Huerta hubiera tardado la friolera de diez horas en abandonar el cargo tras descubrirse que había defraudado a Hacienda hace años sirviéndose de una ingeniería fiscal que, por lo demás, ya habían utilizado, entre otros, José María Aznar y su ministro de Agricultura Arias Cañete. Ya saben, el de la «manteca colorá» que garantizó, «por cojones», un Plan Hidrológico Nacional como Dios mandaba.

Era inevitable relacionar el relato de Costa en el que pormenorizaba cómo José Mayor Oreja, expresidente de FCC Construcciones y hermano del exvicepresidente del gobierno de Aznar, se abría la americana y sacaba un fajo de billetes de 500 que sumaban 150.000 euros y se los entregaba diciendo que eran para ayudar al PP en las elecciones generales de 2008, con el audio en el que el expresidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, contaba en valenciano y cazallés dinero proveniente de comisiones presuntamente ilegales. O con la imagen de un sátiro enseñando sus partes pudendas a recatadas viejecillas en un parque público tras desabotonarse la gabardina.

O sea que estábamos donde lo habíamos dejado: en el circo, que es donde estamos siempre, valga el galimatías, pero con la sensación casi olvidada de orgullo patrio derivada del amparo gubernamental otorgado a los más de 600 migrantes rescatados en el Mediterráneo y con el cosquilleo en la entrepierna de que algo se mueve en la línea adecuada. Pese al empeño de la legión habitual de chiripitifláuticos en confundir transparencia con exhibicionismo y a la contumacia de las hordas contrarias que olvidan con asombrosa facilidad que la alternativa a la acción solidaria puede ser la conversión en pasto de tiburones de un puñado de seres humanos que antes lo habían sido de traficantes, parecía que empezábamos a respirar asistidos por el oxígeno de la higiénica moción de censura que ha situado al registrador de la propiedad ya desprovisto de escaño, Mariano Rajoy, y a su partido en el lugar de la historia que les corresponde. Aunque sabíamos que se avecinaba la de sanquintín lo que menos podíamos sospechar es que el «fúrbol», que diría el anterior presidente de la Federación Ángel María Villar, se iba a cruzar en el camino del desbarajuste nuestro de cada día para depararnos nuevos ridículos tanto en el ámbito doméstico como en el universal.

Se fue Lopetegui la víspera del debut del combinado nacional en la lejana Rusia de Putin en medio del pasmo general y de la común indignación de la hinchada y de la prensa no menos tifosi y pareció que el cupo semanal de escándalos, sucedidos y situaciones estrambóticas quedaba cubierto. Pero, mira, no. Resulta que el nuevo presidente, Pedro Sánchez, guardaba en su despacho de la Moncloa una matrioshka dentro de una caja de sorpresas. De allí salió, como queda dicho, la condena y posterior destitución de Huerta, quien, al culpar de su defenestración a la «jauría» demostraba que no se merecía el cargo porque no había entendido nada de lo que ha ocurrido y ocurre en España. Del mismo pozo sin fondo emergió la imputación del titular de Agricultura Luis Planas en un caso de robo de agua en Doñana cuando era consejero de la Junta de Andalucía. Narran las crónicas que la Fiscalía lo desimputará en breve, pero el caso es que figuraba en calidad de investigado cuando fue nombrado ministro y que pululan por las redes declaraciones de su jefe intolerantes con situaciones como la que, exactamente, se ha producido. Así las cosas solo cabe una pregunta: ¿Qué enemigo de los muchos que tiene le pasó el listado de colaboradores? Demasiado combustible para la hoguera que atiza un PP indisimuladamente enrabietado y perplejo por su descomposición.

Pero hay más. En la letra menuda del contrato del circo al que se ha incorporado Sánchez contra su voluntad figura el fichaje de Iván Redondo como jefe de Gabinete. Se trata, por lo leído, de un exasesor del PP que trabajó para personajes como el expresidente extremeño que viajaba a Tenerife para hacer arrumacos a su novia con cargo al presupuesto del Senado, José Antonio Monago, y como Xavier García Albiol, del que se ha dicho todo. Por lo que cuentan, el gurú pasaría por ser un lince si no fuera porque a la vista están sus resultados. Un profesional de los masterizados, con mucha sigla en inglés en su currículum capaz de vender lo mismo un chorizo de Cantimpalos que el programa electoral de un candidato. Un consultor político que aplicaría el marketing y las más modernas técnicas de venta de burras incluso al rezo del rosario si estuviera convencido de que las avemarías le iban a quedar más fashion y los padrenuestros más convincentes.

Un mercenario sin alma, vamos, para aconsejar al presidente de un país que ha soportado a un Gobierno desalmado. Apañados estamos.

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