De patriotas y absentistas

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoSi no fuera porque ya estamos curados de espanto nos parecería inverosímil la posibilidad, por remota que fuera, de que un médico adscrito a la Conselleria de la Sanidad de la Generalitat Valenciana haya estado cobrando durante más de un lustro del presupuesto público sin darse un garbeo, siquiera para disimular, por el puesto de trabajo al que estaba adscrito en la dirección territorial de Alicante. Ni rastro, oiga, de la presencia del actual alcalde Orihuela, el popular Emilio Bascuñana, en aquellas instalaciones, según afirmaba la consellera del ramo, Ana Barceló, en su comparecencia en las Cortes Valencianas para dar cuenta de las averiguaciones oficiales al respecto y, de paso, intentar cauterizar por la vía del totum revolutum la herida abierta en el corazón del Botánic a resultas de la detención y defenestración política parcial del presidente socialista de la Diputación de Valencia Jorge Rodríguez.

Gracias al callo que la sucesión mantenida de escándalos durante la última década –y lo que te rondaré, morena– ha provocado en la epidermis del cuerpo social que con misteriosa frecuencia deriva en una hinchazón desmesurada de sus partes pudendas, asistimos impávidos a sucedidos tan notorios como que toda una primera autoridad municipal siga siéndolo pese a las evidencias que constan en su contra en relación con una turbia vida laboral registrada en una etapa de la crisis que truncó muchas vidas y haciendas y en la que el común de los mortales que no acudía a su puesto de trabajo lo hacía, sencillamente, porque no lo tenía.

Desde luego, no cabe ninguna duda de que hemos llegado hasta donde estamos debido al entrenamiento intensivo al que nos han sometido unos, otros y los de más allá. Será por eso, digo yo, que oímos como quien oye llover que el grueso de los involucrados en el caso de la empresa pública Divalterra, la antigua Imelsa que tantos momentos de gloria deparó a la Gran Historia de la Corrupción nativa cuando la Diputación de Valencia estaba controlada por el PP, siga cobrando del erario tan ricamente a la espera de la resolución que adopten un día de estos vaya usted a saber qué sesudos órganos administrativos y qué puñetas de sanedrines disciplinarios.

¿Cómo nos va a dejar patidifusos a estas alturas del largometraje lo de la dipu valenciana si los demás expresidentes de las corporaciones provinciales de la Comunidad, Carlos Fabra en Castellón, Alfonso Rus en Valencia y José Joaquín Ripoll en Alicante tienen sus nombres inscritos en letras de molde tanto en las páginas de sucesos y tribunales como en los registros judiciales? ¿Y por qué vamos a quedarnos boquiabiertos ante el presunto absentismo del alcalde de Orihuela si el Ayuntamiento de tan pía ciudad siempre ha sido campo abonado al escándalo, empezando por el gentleman Luis Fernando Cartagena, médico también, que pasó por la cárcel por apropiarse de los 49.000 euros que unas monjas habían donado al municipio?

Sin que conste que haya cruzado los dedos para conjurar el peligro de que acabe en algo sólido la investigación abierta contra él por la posible comisión de un delito de coacciones y malversación de caudales tras la denuncia de una funcionaria interina del Ayuntamiento de Calpe, el actual presidente de la institución supramunicipal alicantina, el certero en su apuesta orgánica por Cospedal César Sánchez, afirma que está dispuesto a partirse la cara con el Consell en defensa de las diputaciones. Y añade en la habitual e interesada pirueta patriotera consistente en confundir el culo con las témporas que está en juego la unidad de España. Pues nada, con patriotas así, condenados o en expectativa de destino judicial, la defensa del erial está garantizada.

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