Y el cuarto, eucaristía pétrea

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoPues nada. Seguimos participando en la sacrosanta ingesta de ruedas de molino que nos administran los sacerdotes de la cosa pública en una ceremonia de la comunión que más parece de la confusión. Hasta la Complutense se ha sumado al ritual distribuyendo entre la feligresía los resultados de una información reservada que concluye que no hay indicios de anomalías en la obtención del título de Derecho por parte de Pablo Casado. Ni una sola irregularidad ha acertado a ver pese a que se sacó la mitad de la licenciatura en solo cuatro meses en el centro privado Cardenal Cisneros adscrito a la universidad mencionada, que fue la que finalmente expidió el título. Ni una pega al prodigio operado en 2007, cuando el nuevo presidente del PP acabó la carrera que había ido aprobando con menos gloria que pena nada más ser elegido diputado de la Asamblea de Madrid. Ni una sospecha ante el titánico esfuerzo que le llevó a sacar adelante 12 materias entre junio y septiembre, el equivalente a lo que aprobaba un buen estudiante en primera convocatoria en dos años y medio. Ni una sola objeción por el hecho de que semejante lumbrera sea capaz de decir tantas majaderías respecto a la inmigración irregular y otros rábanos cogidos por la hojas del oportunismo político y electoral.

Continuamos comulgando con las ruedas de molino que reparten los oficiantes de la misma manera que los hippies y demás representantes de la contracultura del siglo pasado lo hacían con el peyote, el LSD, la mescalina y otras sustancias psicodélicas para obtener el mismo efecto: la evasión de la realidad mediante la alucinación. Porque si resulta alucinante la sola posibilidad, admitida por la autoridad académica, de que la cúpula del PP que presidía Esperanza Aguirre presionara sutilmente al Cisneros –de ella dependiente– para que aligerara la mochila escolar del chiquillo, por aquel entonces líder de Nuevas Generaciones, más lo es que no quede constancia documental del portentoso récord obtenido por el insigne licenciado. La Complutense se ampara en la no obligatoriedad de mantener en perfecto estado de revista el expediente de los estudiantes. Igualmente, el comulgante no está obligado a decir que le gusta la rueda de molino que le intentan endosar.

Andamos con la lengua fuera, física y metafóricamente hablando, para que depositen en ella con sus blancas manos la piedra de amolar. Pesada carga la de las inverosimilitudes que pretender hacer pasar por la glotis del contribuyente en forma de grandes verdades que suelen devenir en mentiras o en verdades a medias, que son los peores embustes. La comunión con ruedas de molino se ha transformado en el gran deporte nacional, casi al mismo nivel que el levantamiento de piedras en Euskadi o el lanzamiento de huesos de aceituna y de dátil en Eche. Como en el sketch de Faemino y Cansado, en el que el primero niega al segundo que esté fumando pese a que el humo le sale por las orejas, las evidencias son por estos pagos la materia oscura del universo de la corrupción y de su hermana menor, la irregularidad.

La rueda de molino encarna el misterio de la gestión pública de la misma manera que la hostia transustancia el cuerpo de Cristo una vez consagrada. Pero frente a la segunda, que según el Vaticano debe contener gluten y es dietética, en la composición de la primera priman los minerales, lo que la hace indigesta si se abusa de ella. De ahí que la lectura del currículum de Pablo Casado, con toda su carga de convalidaciones y masterizaciones, deba ir siempre acompañada de un bote de bicarbonato. Este remedio contra la acidez provocada por la ingesta de ruedas se puede sustituir por el clásico frasco de sal de frutas. Sirve también cuando, un suponer, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alicante, del PP, asegura que no sabía nada después de verse obligado a sustituir en menos de un mes a dos asesores por hacer horas extras como acompañante de una edil tránsfuga sospechosa de estar conchabada con la Alcaldía, en el primer caso, y, en el segundo, por tener intereses económicos vinculados directamente con la adjudicación de contratas municipales. Todo un neosacramento este de la eucaristía granítica que, como prescriben los cánones del rito, se repite para dejar claro el nulo respeto que tienen a nuestra inteligencia. Y a nuestro paladar.

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