El contexto es la barbacoa

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLa barbacoa marida mal con la reflexión profunda y sosegada. ¿Cómo vas a estar devanándote los sesos sobre los múltiples problemas que nos acucian sin tienes los cinco sentidos puestos en las salchichas, el chorizo, las costillas y las brasas, esmerándote en que el condumio progrese adecuadamente con el fin de que llegue a la mesa en la que te aguardan amigos, primos, tíos, hermanos, hijos y demás familia con un grado de cocción y un punto de sal irreprochables? En la barbacoa te juegas tu prestigio como cocinillas dominguero porque los comensales que te rodean, por mucho que te abastezcan de cerveza durante el trance culinario y por más que alaben tus habilidades con la pinza, no van a pasar por alto que la chuletilla esté seca como la mojama o que la morcilla parezca un tizón en el plato.

A los mandos de una barbacoa dijo que estaba el vicepresidente de la Diputación de Alicante y alcalde de la localidad de Busot, Alejandro Morant, cuando escaló su muro en Facebook para colgar una proclama al más puro estilo xenófobo en la que pedía expulsiones masivas de inmigrantes y advertía del peligro de que las hordas musulmanas nos conviertan a todos al islam si no se pone remedio a la invasión. Luego borró la prueba del delirio, que calificó de calentón. Pero la temperatura había subido tanto que ya no tenía remedio: peticiones de dimisión a diestro y siniestro y apertura de expediente por orden de la dirección provincial de su partido, el PP, que casualmente apoyó en las primarias la opción contraria a la candidatura de Pablo Casado que defendía el propio Morant. Ay, el fuego amigo.

Como suele ocurrir en estos y otros casos, ya en la resaca del lunes el también diputado de Hacienda en la institución supramunicipal alicantina empezó a verle las orejas al lobo y se aplicó denodadamente a la imposible tarea de justificar la soflama que provocó el incendio del que salió con las pestañas y las entendederas quemadas. Que si no soy racista, que si me he criado entre gitanos, etcétera, para acabar en el sagrado lugar en el que se refugia la multitudinaria cofradía de la barbacoa: el contexto. Sus palabras, escritas de su puño y letra mientras le daba la vuelta a la hamburguesa que quería la sobri Mari Pili habían sido tergiversadas, manipuladas y torcidas por descontextualización. Acabáramos.

A la vera de una barbacoa debía de estar también el nuevo secretario general de los populares, Teodoro García (ojo con este lumbrera que puede hacer buena a Cospedal), cuando aseguró que nos encontrábamos ante una cuestión «anecdótica y menor» que al final quedará «en nada», después de que la juez decidiera elevar al Supremo la causa que instruye en relación al estrambótico máster obtenido por su jefe en la Universidad Rey Juan Carlos con métodos nada ortodoxos al ver unos indicios de criminalidad que también observa la Fiscalía, sin pararse a pensar que son legión los cargos del PP que están presos, o en vísperas, o a la espera de pronunciamiento judicial en firme y cuya estrategia orgánica se cimentó en argumentos igualmente despectivos e infravaloradores.

La misma línea barbacoística, si se me permite la expresión, seguía el propio Casado al lamentar la «persecución» que estaba soportando. Al parecer, el líder conservador, espejo en el que se mira su seguidor Morant en materia de inmigración, no entiende que la Justicia esté haciendo su trabajo aunque se trate de un supuesto ilícito «por un curso de hace diez años por presuntas irregularidades que estarían prescritas y que en todo caso no se cometieron», como matiza en el pliego de descargos que esgrimió frente a la prensa antes de partir hacia las américas en lugar de descargar del ordenador el trabajito de marras como le pide la magistrada. Pésima defensa tratándose de un licenciado en Derecho, pardiez, porque además de no ser cierto que el presunto delito que le pueden acabar endosando haya prescrito da la sensación de que intenta transmitir que el tiempo transcurrido es un aval de impunidad y la prescripción un decreto de absolución. Lo de la mujer del César sí que ha prescrito en el ideario del emergente político que alardeaba de llegar a la cúspide sin mochila o, tanto monta, sin un pasado vergonzante.

Si este autoproclamado renovador no entiende que una cosa es que ponga en su currículum que está doctorado en macramé por todas las universidades del mundo y otra bien distinta que, como apuntan todos los indicios, se haya avenido al juego sucio para conseguir por el morro y en connivencia con una caterva de académicos sin escrúpulos lo que otros lograron en buena lid, es que es un digno heredero de Mariano Rajoy. Y de Georgie Dann.

 

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