A Casado le sigue fallando el ojo clínico

JESÚS ALONSO

Jesús Alonso«Me encantan los Estados Unidos porque allí la mentira no se se tolera. Nixon no dimitió por espiar sino por mentir. Y a Clinton casi le pasa lo mismo no por lo que hizo, sino también por mentir. Pero aquí no pasa nada por mentir». ¿Palabra de Dios? No. Palabrería de Pablo Casado en el catorce congreso regional que el Partido Popular de Madrid celebró en 2009. Su exaltador discurso como presidente de NN.GG, aquél en el que habló de la carcundia de una izquierda instalada en la guerra del abuelo y la contrapuso al espíritu emprendedor, modernizador y cuasi seráfico de los jóvenes, «que son del PP pero no lo saben», contó entre el numeroso público asistente con destacadísimos depositarios de los valores que se autoatribuía y a los que ensalzó como si esperara algo a cambio. Que le llegó pronto.

A rabiar aplaudieron todas y cada una de sus frases y todos y cada uno de sus gestos próceres ubicados en las primeras filas como Francisco Camps y Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy e Ignacio Gonzaléz, Francisco Granados y Alberto Ruiz Gallardón, Francisco Álvarez Cascos y Rodrigo Rato, entre otros ministros y exministros, cargos públicos y cargas privadas que han acabado dando con sus huesos en la cárcel, o siguen paseándose por los tribunales, o han quedado a los pies de los caballos tras una trayectoria política sospechosa, depredadora, hilarante, clientelar, etcétera, digamos siendo generosos. Pues bien, casi una década después del aquelarre en el que la Gürtel y la Púnica, la Lezo y tantas otras tramas delictivas de resonancias mafiosas se sentaban en el gallinero a la espera del correspondiente pienso, el nuevo/viejo presidente de la formación conservadora sigue demostrando que su ojo clínico está plagado de dioptrías que le llevan a fallar más que una carabina de feria.

En su afán por abrirse paso a codazos para apropiarse del espacio más extremo de la derecha antes de que lo haga Ciudadanos, que ha evolucionado de la socialdemocracia al liberalismo en tiempo récord y sin pasar por la ITV, el viejo/nuevo líder popular no deja de meterse en charcos que empiezan a acreditarlo, ya desde tan temprana edad, como un conspicuo especialista en la trola que les endosaba a sus contrarios en la célebre convención y, lo que es peor, en hacer el ridículo.

Si el caso del máster o, mejor, las explicaciones (¿?) que ha dado en torno al escándalo ya eran la evidencia de que este chico apuntaba maneras, el intento de seguir utilizando a las víctimas del terrorismo como ariete contra el acercamiento de presos etarras confirma que sí, que estamos ante un aventajado alumno de la escuela del Más de lo Mismo. Aparte de haber tenido que oír de viva voz la reacción de las asociaciones, que consideran la política penitenciaria del Gobierno sujeta a la más estricta legalidad después de que aprovechara un acto de homenaje a los dos asesinados en el atentado de Santa Pola de 2002 para reprochar a Pedro Sánchez que está pagando el precio de la moción de censura, el jefe del PP ha tenido que leer, aunque él ya lo sabía, que han sido decenas los terroristas que han disfrutado de beneficios penitenciarios, también conforme a la legislación, en la etapa de Rajoy como presidente, y que el acercamiento fue moneda de cambio cuando el Ejecutivo negociaba los últimos Presupuestos Generales del Estado con el PNV, cuyo voto era imprescindible para sacarlos adelante como se evidenció en la operación de castigo que dejó a Rajoy compuesto y sin Moncloa.

Si solo fueran los nervios derivados de su situación procesal lo que le lleva a desbarrar, la cosa tendría un pase. Pero hay que temer que el calado sea más profundo. Recuerda demasiado a Aznar, su ídolo de juventud por otro lado, cuando rompió la baraja tras perder las elecciones al anunciar al entonces ministro del Interior –Corcuera, creo– que la lucha antiterroristas que en un ejercicio de responsabilidad había quedado al margen de la batalla política pasaba desde ese instante a formar parte del rifirrafe diario. ¿De qué va el viejo neófito? ¿De Aznar?

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