De las «fake news» y otras verdades

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoEn el rincón izquierdo un grupo de manifestantes acampa para impedir por tercera vez el desahucio de una viuda de 65 años y sus dos hijas del piso que ocupan en el barrio de Lavapiés. Del mismo bloque habían sido expulsadas previamente otras cuatro familias por un expeditivo método que excluye la posibilidad de negociación y contempla subidas del trescientos por ciento en el precio del alquiler por parte de la sociedad buitre que ostenta la propiedad. La situación es tan indecente que el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturas de la ONU ha exigido la paralización del lanzamiento de forma indefinida hasta que se garantice una alternativa habitacional.

Siguiendo la diagonal, en la esquina derecha del cuadrilátero el ministro de Ciencia Pedro Duque intenta dar explicaciones sobre la constitución de una sociedad patrimonial a medias con su esposa para gestionar dos inmuebles que posee en Madrid y en Jávea con el fin de abonar menos dinero a Hacienda del que le correspondería por el procedimiento, digamos, habitual. No logra aclararse ni aclararnos nada en una penosa comparecencia televisada en la que se advierte claramente que su reino no es de este mundo, sino de los espacios siderales. Asegura, eso sí, al igual que una legión de analistas, economistas y miembros del Gobierno, la legalidad de la operación. Habla de «autoalquiler», palabro marciano que escapa a la comprensión de la mujer a la que amenaza el desalojo en Lavapiés. Sin embargo, los pagos que el ministro asegura que hizo a la empresa Copenhague Gestores de Inmuebles, SL, que así se llama el truco, no están reflejados en su contabilidad. Misterios del Universo, si no otra cosa más terrestre. Y, no se lo van a creer, acaba admitiendo que tal vez hubo un error involuntario –y dale con la redundancia– que se subsanará de inmediato. ¿A que nos suena?

El ministro se larga a renglón seguido a Bruselas para defender vaya usted a saber qué tedioso asunto de Estado, pero deja en el aire, sin respuesta, la clásica pregunta: legal será, ¿pero es moralmente defendible que un admirado personaje público con un currículum envidiable que le habrá reportado sustanciosos ingresos que se suman a los de su esposa, experimentada diplomática como embajadora de España en varios países a lo largo de su carrera, recurra a añagazas e ingenierías fiscales para racanear unos euros al erario y, en consecuencia, a la señora desalojada en la populosa barriada de Madrid? Demagogia, se podrá imputar al arriba firmante. Pues mira, no. Es boxeo amañado entre dos realidades contrapuestas en el que siempre besa la lona el mismo púgil sonado gracias a que el oponente está dopado.

Y en el rincón neutral, contra las cuerdas, el que empezó como colegiado en juego limpio y está convirtiéndose en el saco de todas las hostias: Pedro Sánchez. Aprovechándose de la distancia, que contra lo que dice la canción, no es el olvido, y de que el Pisuerga pasa por Valladolid, el presidente del Gobierno sacó tarjeta a los medios de comunicación para reprocharles que dieran cobertura a noticias falsas o «fake news», que para eso estaba en los EEUU. Cosa que cualquier estudiante de periodismo suscribiría con los ojos cerrados pero, eso sí, tras preguntarle si es «fake» o no que hace no tanto tiempo, cuando todavía no era jefe del Ejecutivo, asegurara que si alguna vez llegaba a tener en la ejecutiva de su partido a un responsable político que creara una sociedad interpuesta para abonar la mitad de los impuestos que le toca pagar, «esta persona al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva. Es el compromiso que yo asumo con mis votantes y también con los españoles». Será que como su tocayo astronauta no pertenece a la dirección del PSOE no le afecta el compromiso. Acabáramos.

Ya puestos, y dejando al margen que cuando un político habla de embustes está haciendo un ejercicio de cinismo, a lo mejor el mismo aspirante a periodista o alguno de sus compañeros de aula podrían interpelarle también sobre su libro posdoctorado, ese que parece estar reñido con el derecho a la propiedad intelectual y que, en lógica consecuencia, vulnera la verdad. O en torno a las verdades que se ocultaban en el máster plagiario de la defenestrada ministra de Sanidad Carmen Montón. En fin, que no estaría de más que encomendara a la ministra de Justicia Dolores Delgado la tarea de convencernos, demostrándonos que es más «fake» que «news», la bilis que está vomitando el laureado, excomisario y amigo invisible de la ínclita, José Manuel Villarejo, para relacionarla con presuntos encubrimientos, por omisión, de gravísimos delitos cuando ella era fiscal de la Audiencia Nacional.

Hay quien dice que mientras nos entretenemos en estos asuntillos los grandes retos que tiene planteados el país y las graves carencias y arbitrariedades que soporta duermen el sueño de los justos. ¿Pero hay acaso algo más imperativo que impedir que la gestión pública esté en manos de quienes mienten en privado o tienen en tan restringido ámbito comportamientos anómalos o censurables?

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Comentarios   

0 #1 BestShawn 25-10-2018 02:15
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