La herencia según Aznar

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoPara no tener aspiraciones terrenales mucha matraca está dando. Aznar, digo. Entrevista mediante para promocionar su último libro, en su penúltima comparecencia ante los pobres mortales el estadista en la reserva habló, y mucho, de herencias. Aparte de demostrar que no tiene abuela como viene siendo habitual en su trayectoria, el expresidente del Gobierno desenvainó la varita mágica para hacer desaparecer de su pasado todo lo que convenía a su imaginario e imaginado prestigio universal y concentró su fuerza mental en ajustar cuentas y en proclamar una verdad de perogrullo, la suya de siempre, mediatizada por la cruda realidad cuando no desmentida por los hechos.

Porque si inapelable es el reproche formulado al hilo de la entrevista de que cuando se retiró del primer plano de la política dejándonos en la más absoluta orfandad el PP era hegemónico en el espectro de la derecha ahora son tres los que se disputan el codiciado territorio sociológico, tanto o más lo es que en su cacareado legado ha de incluirse necesariamente el impacto de la corrupción si no se quiere caer en la más infantil de las fantasías. Que Rajoy heredó una empresa solvente en la que el dedo magistral, como la mano de Maradona, obraba milagros es rigurosamente cierto. Tan exacto como que la misma firma sufrió una sangría de efectivo que se fue a Ciudadanos y, a lo mejor, a Vox, los otros dos integrantes de la santísima trinidad por la que suspira Aznar y, al parecer, también Pablo Casado, por culpa en gran parte de la estructura de depredadores que ya actuaba durante los mandatos aznarianos y que siguió tejiendo la tupida red sin freno pero con mucho hilo hasta que los tribunales empezaron a poner las cosas y a los golfos apandadores en el sitio que les correspondía. La cárcel, verbigracia.

En su tan desmedida como ridículamente miope prepotencia, el imperial exjefe del Ejecutivo intenta obviar la letra menuda de su currículum y aparentemente no se percata de que llevamos muchos años leyendo en mayúsculas, impresas en voluminosos sumarios, en sentencias judiciales y en investigaciones policiales, lo que a él le gustaría que fueran minúsculas. Es difícil esperar ecuanimidad de un personaje que ni ha pedido disculpas públicas por meter a su país en una guerra ilegal con la excusa de unas armas de destrucción masiva que nunca estuvieron donde se había proclamado ni ha rectificado su opinión sobre la autoría de los bestiales atentados del 11-M en Madrid. Por tanto, más complicado resulta confiar en que al menos reconozca, siquiera por lo bajini, que alguna responsabilidad tuvo en la corrupción de su partido, sancionada por la Justicia, y también en la cimentación de las bases de un desbarajuste económico que acabó con las aspiraciones de muchos españoles pese a contar como arquitecto con el futuro preso Rodrigo Rato. En el juego de prestidigitación que utiliza para darse autobombo ante el público saca conejos de la chistera como si fueran churros, pero se le nota el truco porque el respetable no ignora que, como el dinosaurio de Monterroso, él estaba ahí mientras los desmanes propiciados por sus tesoreros, ministros, exministros, altos cargos, cargos y carguitos, se sucedían con una impudicia y un descaro ciertamente apabullantes.

Aznar perdió la credibilidad mucho antes de que afeitara el remedo de bigote. Y eso también forma parte de la herencia que dejó al pánfilo continuador y cómplice Mariano Rajoy y, por extensión, al enchufado Casado, de quien se confiesa, por señas, tutor y mecenas. «Puestos a renovar el partido, que me renueve él», dijo con esa gracia que Dios, en su infinita sabiduría le ha negado, poco antes de que las primeras primarias de los conservadores dictaran sentencia. El nuevo presidente popular, como su mentor, bebe de las mismas fuentes. Pide a sus compatriotas que engalanen balcones y miradores con enseñas nacionales el 12 de octubre para contrarrestar el traperío de los independentistas catalanes porque confunde interesadamente las banderas con las banderías y los bandidos con los bandazos.

Esperemos que no le dé por escribir recto sobre renglones torcidos. Prodigio reservado solo al Sumo Hacedor. Y a su legatario Aznar, claro.

Comparte este contenido:

Comentarios   

0 #1 profile5387 02-11-2018 13:50
Need cheap hosting? Try webhosting1st, just $10 for an year.

http://galerie.lglaachersee.de/albums/userpics/10054/hosting-services-88446.jpg
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar