Siempre Cospedal

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLa corrupción y sus múltiples derivadas siguen sin dar un respiro a Pablo Casado. Como no se lo dieron a su antecesor en el liderazgo del PP Mariano Rajoy. Ni siquiera la entrada en la recta final de la causa abierta en Andalucía por el caso de los ERE, con el desmadre del gasto de fondos públicos en clubes de alterne por parte de cargos de la Junta como el más escabroso de los atractivos, y el mantenimiento de las peticiones de penas para los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, que para más inri tienen hora reservada en noviembre en el diván del Senado para declarar ante la comisión que investiga la financiación de los partidos, ha sido capaz de hurtar espacio en los medios de comunicación a las malas artes llevadas a cabo por los populares a lo largo de su historia.

El potaje en el que chapotean los socialistas, un auténtico manjar para los conservadores habida cuenta de que los principales tropezones que rebosarán del puchero tras años de cocción van a poder ser observados con toda su grasa en plena campaña electoral autonómica, estaba ya como para mojar pan. Pero hete aquí que el excomisario Villarejo, ese estudio de grabación con patas que mantiene en un ay a las principales instituciones del Estado, decidió alterar el menú tirando de nuevo de casete para poner a la exsecretaria general del PP Dolores de Cospedal, principal pinche de cocina de Casado en la primarias, y a su marido, Ignacio López Viejo, y vaya usted a saber si a alguien más, de primer plato.

Resulta que ambos se reunieron a hurtadillas en la sede del PP con el viejo zorro que los linces gubernamentales habían puesto o mantenido al cuidado de las gallinas para obtener información de primera mano que permitiera dinamitar algunos de los principales escándalos que empezaban a llegar al sistema judicial como afluentes del caudaloso río de la corrupción. Clásicos populares en el ámbito de la Comunidad Valenciana que en el decurso de los años han adquirido rango de sonata como Camps, Zaplana, Ripoll, Cotino y su sobrino, que además de ripio son familia, aparecen en las voces de los conversadores al lado de las piezas, juntas o separadas en el argot de los tribunales, que les han aupado al estrellato: Ya saben, Gürtel por aquí, Brugal por allá y lo demás, que es mucho, por el otro lado.

Es lógico que el mezclador de sonidos actualmente en prisión por, digamos en plan descriptivo, ser un sinvergüenza de manual, dosifique contenidos en el reparto de mierda. Si la ministra de Justicia Dolores Delgado la recogió a paletadas hace unas semanas tras desvelarse que había participado en un sarao pleno de groserías, cuando no de encubrimientos y de presuntas ilegalidades dada su condición de fiscal en la época de referencia, con el comensal al que decía no conocer, ahora le ha tocado el turno a la parte contratante de la segunda parte. Y además, con carga de profundidad. Porque no estaría de más que los populares se aplicarán su propia medicina haciendo acopio de memoria para recordar que en aquel estrafalario sucedido pidieron la dimisión de Delgado hasta la saciedad y la reprobaron en su feudo del Senado.

Pese a la gravedad que determina la admisión de la veracidad de las charletas con Villarejo y su intencionalidad, que no era otra que utilizar servicios del Estado tan sensibles como los policiales en beneficio suyo y de los suyos para sabotear la acción de la Justicia, Cospedal intenta quitarles hierro aduciendo, al igual que los demás constitucionalistas de pandereta del PP, que eran agua pasada (2009) y que, además, no habían surtido ningún efecto puesto que las causas siguieron adelante, como ha quedado acreditado. Con lo cual, la autora de uno de los galimatías más celebrados de la historia, y embustera compulsiva como reflejan las cintas de marras, vuelve a demostrar el nulo respeto que tiene a la inteligencia de los ciudadanos a los que se debía desde las múltiples responsabilidades que tuvo tanto en el ámbito administrativo como en el orgánico. O eso, o es que es lo que usted puede que esté pensando que es. Ya puestos, toma jerigonza. ¿Y Casado? Mudo. Él, que es todo verbo.

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