Exigencias del guion

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoMientras se rearma esta derecha de Pablo Casado que pacta el gobierno de Andalucía con su hermana más heavy para demostrar que no tiene complejos y que, siguiendo la doctrina del gurú Fraga reencarnado en Aznar, no debe admitir ni tutelas ni tutías, la izquierda del segundo Pablo del trabalenguas, Iglesias, se desarma a la misma velocidad que las actrices del tardofranquismo se despojaban del sostén y, a veces, también de las bragas.

Por exigencias del guion se echó el líder del PP en los brazos del oso financiado por el exilio iraní, Santiago Abascal, para desde Al Andalus emprender la cruzada de reconquista del voto en sentido inverso al de don Pelayo. Durante el acto de reafirmación espiritual celebrado en Madrid con las banderas al viento y las montañas por fin nevadas, el presidente popular apeló a El Almendro para animar a los desertores que salieron de estampida en dirección a Vox la vuelta a casa aunque ya no sea Navidad. Y lo hizo endureciendo el mensaje y el gesto. A lo mejor para imitar el pétreo semblante de su mentor, que allí se hallaba de cuerpo presente y que le dio el nihil obstat y le ofreció, como en el cuento, oro, incienso y mirra marcando abdominales para distanciarse de los del caballo y de Ciudadanos, a quienes, para chinchar a Rajoy, miraba con ojos libidinosos hasta anteayer como quien dice.

El caso es que en tanto esa izquierda de promisión que aspiraba a asaltar el cielo y que ahora se conformaría con no perder más suelo electoral se empeña en convertirse en ectoplasma, la derecha montaraz y trilera a partes iguales no pierde de vista la calculadora y se frota las manos como las moscas las patitas frente a un panal de rica miel. El troceamiento del pastel y las vías de agua que se abren por babor son una inyección de aceite de hígado de bacalao para el siempre hiperactivo Casado, que sabe que en estribor el entendimiento entre egos es más fácil y que ha hecho de la corrupción que asolaba y asola a su partido un agujero en la red neuronal propia y extraña de la misma manera que otros hacen de su capa un sayo. Instalado en los pelillos a la mar y en la convicción de que muerto el perro Rajoy se acabo la rabia, la criatura confía en la torpeza ajena más que en el tino propio para llegar adonde le lleve la ola. La Moncloa preferiblemente.

Y todo ello sin abjurar del pasado reciente ni del pretérito remoto pese a los escándalos que siguen verificándose en la formación que le vio nacer, crecer y multiplicarse. Ese desprecio a la inteligencia del respetable y ese desparpajo escénico que muestra en público deben ser dos de las características inherentes a la gente sin complejos que glosaban las destilerías DYC. Son las mismas, por lo demás, que vienen exhibiendo personajes de la catadura de la expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes, que se erige desde un vídeo doméstico en la Agustina de Aragón de la honradez, o del expresidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra, cuña de la misma madera ideológica, que no deja de hacer bolos para presentar una hagiografía, la suya, plagada de malos, de torpes y de traidores entre los que él no aparece. Los mundos paralelos son así de peculiares.

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