Bipartidismo versus plurigalimatías

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoNadie dijo que iba a ser fácil el tránsito del bipartidismo al pluripartidismo. En un país como España, en el que no hay lugar para los matices, donde se es rojo o azul y los tonos grises no existen como fronterizos entre el blanco y el negro; donde se milita en el Real Madrid o en el Barça y se hace irreductible apología del mar o de la montaña para pasar la vacaciones mientras se defiende la calidad de HBO frente a Netflix con uñas y dientes, como si nos fuera la vida en ello; donde es obligatorio definirse como partidario de La guerra de las Galaxias o de Star Treck so pena de ser calificado de mindundi, tibio, cobarde, equidistante, traidor, soplagaitas, etcétera, lo que algunos no se esperaban es que íbamos a pasar de la placidez de la parejita al galimatías de la familia numerosa.

Y ahí estamos desde hace unos años. Tras el parto múltiple todo es algarabía infantil, peleas por los peluches a pañal bajado, por el chupete, por el biberón, por la silla, por el tacatá o por la trona ante la galopante perplejidad de los padrinos que pagan con sus votos los regalos del bautizo. Dos meses después de la elecciones generales la chiquillería que ha de regir nuestras vidas y haciendas se comporta como si estuviera en el parvulario o en el patio del colegio. Se mueven por pandillas: que si ahora te ajunto, que si ya no te ajunto; que si no me dejas tus juguetes no te presto los míos; que si el potito de Navarra a cambio del petisuís de la investidura del aspirante a la Moncloa; que si el acuerdo firmado para compartir el orinal no es el que se firmó; que si un globo, dos globos, tres globos y el cocherito leré. Y en medio los primitos catalanes que, todo mocos y babas, no dejan de dar la tabarra con su llantina, arropados con sus bufandas amarillas –con el calor que hace– en una casa ya suficientemente caldeada que necesita un urgente desatasco de las cañerías mentales y en la que cabemos todos pero sobra más de la mitad. Abstente para que no entren las hordas independentistas, comunistas y terroristas, dicen los unos; inhíbete tú, melón, para cerrar el paso a la hidra fascista, responde el otro. Y así.

Donde se nos había garantizado transparencia gracias a la inyección de savia nueva, de educandos jóvenes y prístinos no maleados por la perfidia del bipartidismo dominante no solo no se ha hecho la luz sino que brilla la más absoluta oscuridad, valga el oxímoron. Y como se le empiezan a ver las orejas al lobo se recurre al coco del adelanto electoral en plan fórmula para amedrentar a la bancada contraria. Y a la propia. Lo dijo papá Ábalos a modo de cachete para que el templador de gaitas Pablo Iglesias se enterara de una puñetera vez de que no le iban a cederle el escalextric del consejo de ministros sino, como mucho, el castillo de Exin, y lo redirigió Ciudadanos hacia Vox en la Asamblea de Madrid. Cambalaches, intercambio de cromos, vetos insalvables, cordones sanitarios electrificados y, la postre, donde dije digo, digo Diego y que se quieres arroz, Catalina.

A lo mejor es que el multipartidismo es una entelequia en un país en el que la conjugación del verbo pactar es más una pose que una posibilidad. Sobre todo si las relaciones entre los principales negociadores de uno y otro color están marcadas por el odio filipino, por las asignaturas pendientes que arrastramos desde la Guerra Civil, por las cuestiones sin resolver que quedaron enquistadas en la hipervalorada Transición. Pero lo que tendrían que considerar quienes no hacen otra cosa que poner palos en las ruedas, o sea, todos, es que urge aparcar tanta chinchorrería, tanto cálculo biliar, de bilis, tanta chorrada y tantísima impostura. Ponerse manos a la obra sin más dilación para sacarnos de la intemperie o para que la próxima intemperie nos pille a cubierto. Deberían en suma releer el Ensayo sobre la lucidez de José Saramago. Tal vez así se enterarían de lo que puede ocurrir cuando el sufrido contribuyente tiene la desasosegantes sensación de que le están tomando el tupé y se le hincha la vena. O lo otro.

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