Es un pato

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoComo casi todo, está en la Wikipedia. El Test del pato, según la enciclopedia digital, es una «expresión humorística que se refiere a una forma de razonamiento inductivo» y cita como la más conocida la que atribuye al poeta estadounidense James Whitcomb Riley: «cuando veo un pájaro que anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo llamo pato».

Más adelante, continúa este pozo sin fondo de conocimientos, el secretario y tesorero de la United Auto Workers Emil Mazey, en un encuentro laboral en 1946, acusó a una persona de ser comunista utilizando la misma frase. Y apenas un lustro después, el término se popularizó definitivamente cuando el embajador de Estados Unidos en Guatemala calificó también de comunista al dirigente del país Jacobo Arbenz Guzmán basándose en la identificación de un objeto desconocido mediante la observación minuciosa de sus características habituales. «Suponga –le dijo– que usted ve un pájaro caminando por una granja. Este pájaro no tiene una etiqueta que ponga pato. Pero el pájaro ciertamente parece un pato. También va al estanque y usted denota que nada como un pato. Entonces abre su pico y parpa como un pato. Bien, pues en ese punto usted puede deducir claramente que es un pato, lleve una etiqueta o no la lleve».

Pues eso. Que si el grupo municipal del PP de Madrid: a) suspende la actuación programada por el equipo de gobierno de Carmena de Luis Pastor y su hijo en las fiestas de Aravaca alegando un cambio de criterio en la contratación y en la conveniencia de introducir músicos más familiares y generalistas, como Parchís, pongamos por caso; b) que el veto al histórico cantautor contestatario y por lo tanto enemigo se produce a los pocos días de que los populares anunciaran que los «grupos afines a Podemos» no iban a figurar en ningún cartel elaborado con fondos públicos, y c) que los hechos se producen en un contexto marcado por la incorporación tácita o explícita de la ultraderecha a la toma de decisiones locales y por el aumento desmesurado de su influencia debido a motivos alimenticios del PP y Ciudadanos, habrá que llamar a las cosas por su nombre.

O sea, pato. Digo, censura. La conocimos y la reconocemos. La practique Agamenón o su porquero. La vistan de seda o de arpillera. En el centro o en la periferia. Lleve la etiqueta o no la lleve. Censura perpetrada con cargo a los impuestos que pagan las izquierdas y las derechas, los centros y los epicentros, por inquisidores que ven al diablo en la letra de una canción y le aplican la llama purificadora para que el mensaje no nos contamine. Cuá.

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