De Quintos y la chispa de la vida

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoNo es tanto lo que dice, que sí, como quién lo dice y en el contexto en que lo hace. Al fin y al cabo estamos tan acostumbrados a escuchar declaraciones estrambóticas, provocadoras, ofensivas o sencillamente falsas por parte de los políticos que ya son pocas las que nos sorprenden. Por eso cuando el fichaje estrella de Rivera para las últimas elecciones generales y actual diputado nacional, a la par que dirigente de Ciudadanos, Marcos de Quinto, califica de «bien comidos pasajeros» a los náufragos del Open Arms que siguen varados en este espacio de libertad y defensa de los valores humanos que representa esta Unión Europea que cada día se parece más a un frenopático sin director psiquiatra, es como si estuviéramos oyendo a Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Santiago Abascal, Mateo Salvini, Donald Trump o al mismísimo Pablo Casado, que con barba o sin ella continúa con la salmodia del efecto llamada.

Ocurre, sin embargo, que quien promovió hace unos días la insidia desde las redes sociales que propició la escandalera subsiguiente con abundante vertido de residuos tóxicos en forma de gruesos insultos y rotundas descalificaciones no solo dispone de un yate con el que, a lo mejor, surca las aguas del mismo mar en el que los que huyen de las hambrunas y las guerras se convierten en cebo para los tiburones después de haber servido de carnaza para las mafias y, por qué no decirlo, para las organizaciones que los rescatan en cumplimiento de la legislación y del sentido común. Es decir, que produce un especial desasosiego entre los mortales con un mínimo de sensibilidad que alguien que recurre a la ironía en un asunto tan sangrante y sangriento nade en la abundancia mientras los sujetos objeto de su chanza chapotean en la desesperación.

El patrimonio declarado por De Quinto en el Congreso, que a la embarcación de marras suma 47 millones de euros, diecinueve vehículos –pero qué vehículos– y cinco viviendas a cual más grande y lujosa, con sus cientos de hectáreas campestres y sus animalillos correteando por la hierba, le avalan como un empresario de éxito que le llevó a la vicepresidencia mundial de Coca-Cola. Pero en cambio le inhabilitan, por lógica ausencia de empatía y por evidente desconocimiento del medio, para aportar al abordaje del problema algo más que el trazo grueso, los lugares comunes y la deshumanización que aportan a mansalva los representantes del pueblo soberano citados más arriba.

Se puede uno imaginar al exvendedor de la chispa de la vida –qué sarcasmo– añadiendo ron al refresco que le convirtió en multimillonario mientras escribía los tuits que han desatado la tormenta y provocado el apagón del siempre lenguaraz y ocurrente Rivera. Pero eso podría ser considerado un eximente. Lo suyo, probablemente, sea mucho más grave y profundo.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar