Pues ya está, pues eso

JESÚS ALONSO  

Francisco Camps, el más impresentable de cuantos políticos han presidido la Comunidad Valenciana, excepción hecha, claro, de Eduardo Zaplana, fue declarado no culpable del delito de cohecho impropio que se le atribuía por aceptar unos trajes de la trama Gürtel cuando esta organización de delincuentes actualmente a buen recaudo apenas asomaba a los medios de comunicación. El entonces jefe del Consell elevó los ojos al cielo raso de la sala en un agradecimiento mudo al Sumo Hacedor nada más escuchar el veredicto del jurado popular que le eximía por un estrecho margen de votos de cualquier tipo de responsabilidad pese a las grabaciones, obscenas desde el punto de vista ético y estético, en las que quedaba palmariamente clara una estrecha amistad con Álvaro Pérez El bigotes, delegado territorial de Francisco Correa, que había negado con la contumacia de un enajenado. Con todo y con ello, la Fiscalía del TSJ no recurrió el fallo por órdenes de la Fiscalía General del Estado, que casualmente estaba supeditada al gobierno del PP que acababa de salir de las urnas. Pues ya está.

‘Pues ya está’ es lo que respondió el presidente en funciones del Gobierno, Pedro Sánchez, a un periodista de Radio Nacional que le interpelaba sobre la promesas que había hecho de traer a España al fugado Carles Puigdemont en el debate de candidatos veinticuatro horas antes, lo cual se interpretó como una injerencia inadmisible del Ejecutivo en el Poder Judicial. Con el ‘pues ya está’ el candidato socialista venía a admitir tácitamente que el Fiscal General está a las órdenes de La Moncloa, que es quien lo nombra, y que, dada la estructura jerárquica de esta institución, las fiscalías de las distintas instancias que conforman el sistema jurídico están obligadas a obedecer. O sea que blanco y en botella. Verde y con asas. Pues ya está. Y a otra cosa, mariposa.

El revuelo que se organizó a renglón seguido, con mesado de barbas, rasgado de vestiduras, invocaciones a la separación de poderes que consagra la Constitución, acusaciones de que se había atacado a la democracia y puesto en tela de juicio la independencia del Ministerio Público, etcétera, que se apresuraron a propalar los partidos y los propios fiscales, obligó al lenguaraz autor de la afrenta, muñeco tentetieso por razones electorales, a rectificar y a atribuir al cansancio el presunto patinazo que acababa de dar de forma pública y notoria.

Y sin embargo Sánchez no hizo otra cosa que reconocer en voz alta algo asimilado por lo bajini o al menos sospechado por el común de los mortales dada la acumulación de sólidos indicios. Es decir, por esa mayoría manipulada y manipulable que a la clase política tanto le gusta mantener en el limbo que cerró el papa Benedicto XVI. O en Babia. O en lo alto del guindo del que se tardan años en caer. En permanente estado de minoría de edad, vamos. De qué si no las indecentes peleas entre las formaciones que nos representan por situar en la alta Magistratura a cuñas de la misma madera. Y por qué esa resistencia inveterada a dejar la elección de los jueces en otras manos que no sean las suyas. Colocar a los peones en lugares estratégicos no es algo exclusivo del ajedrez.

Pero lo malo no es que el secretario general del PSOE dijera lo que dijo ni que se corrigiera tan rematadamente mal como lo hizo, sino que los demás simularan que se escandalizaban como quien no sabe de qué va la feria ni cuáles son las reglas no escritas del único juego que desprecia la inteligencia del contribuyente. Debe ser esta la primera vez que se ve a un dirigente rectificar una verdad como la copa de un pino. Pues ya está. En resúmen, pues eso.

 

 

 

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