Perder en las distancias cortas

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoDecía el anuncio de Brummel que en las distancias cortas es donde una colonia de hombre se la juega para acabar recomendando que mejor cuanto más cerca. Y si hay un hombre/hombre en el orbe político tras el líder de Vox Santiago Abascal, o por ahí le anda, ese es su mano derecha Javier Ortega Smith. Después de su, digamos, intervención saboteadora y humillante para las víctimas en el acto convocado por el Ayuntamiento de Madrid con motivo del Día contra la Violencia de Género, el portavoz ultraconservador se la jugó a escasos centímetros de la mujer que le increpaba postrada en una silla de ruedas a consecuencia de los disparos que recibió hace veinte años por parte de su cuñado cuando intentaba proteger a su hermana. Salió perdiendo el hombre/hombre, que es lo que suele ocurrir cuando a) No hay perfume capaz de disimular las provocadoras y casposas emanaciones corporales de un sujeto; y b) Escasean sus argumentos, o estos están directamente basados en la falsedad más grosera y animados por el más insultante de los desprecios y por la necesidad de marcar distancia con lo que la ultraderecha ha dado en denominar «consenso progre».

Aparte de la bronca que le echó Nadia Otmani, presidenta de la Asociación Al Amal de ayuda a mujeres migrantes maltratadas, sin que el hombre/hombre se atreviera a mirarle a la cara al tiempo que hacía gestos de desagrado no se sabe muy bien si por su condición de víctima o por su procedencia geográfica, Ortega fue objeto de severas críticas generales que lejos de amilanarle (hacer recapacitar a un hombre/hombre es misión imposible) le llevaron a imputar los reproches contra él al tradicional contubernio judeo-masónico tan del agrado de sus mayores. La minusválida había sido inducida por una televisión a llevar a cabo la protesta vis a vis mientras que el resto de las mujeres allí congregadas, muchas de las cuales abandonaron la sala, pertenecían al gremio de las feministas subvencionadas por el Estado y obnubiladas por la corrección política actualmente en vigor. Por supuesto, Jacks.

Dos de las reprobaciones que hubo de soportar, aunque el término no es el más adecuado dado el regocijo que el hombre/hombre viene mostrando en la materia al igual que la sin par arquitecta Rocío Monasterio y su cónyuge, el no menos capacitado Iván Espinosa de los Monteros, en este tipo de situaciones, salieron de las bocas del alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, y de la vicealcaldesa Begoña Villacís, quienes afearon a los ultraderechistas que no suscribieran el pacto municipal contra la masacre machista.

Lo hicieron por el PP y por Ciudadanos respectivamente y, oiga, bienvenida sea una reconvención nada nueva por lo demás. Pero sin poner en duda la sinceridad recriminatoria de ambos munícipes y habida cuenta de que sabían de antemano que en las distancias cortas es dónde se iban jugar los cuartos, ¿no habría sido mejor que dejaran pasar el cáliz de pactar con el facherío cuando pudieron antes de tener que soportar ellos y hacernos sufrir a los demás semejantes bochornos?

Parecen poco compatibles los aspavientos puntuales y las proclamaciones de principios respecto a la sangría que no cesa con los acuerdos suscritos con los negacionistas para poder gobernar. Populares y naranjitos los han metido en su casa y en su cama y están pasando dócilmente por el aro que les tienden una y otra vez en las comunidades donde son indispensables para sacara adelante proyectos, programas e iniciativas. ¿Habrá que sospechar, por lo tanto, que, a lo mejor, la indignación exhibida es más una pose de cara a la galería que una respuesta?

Comparte este contenido:

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.