Cañizares anuncia el fin del mundo

JESÚS ALONSO  

La penúltima diatriba del arzobispo de Valencia cogió al arriba firmante leyendo el libro del catedrático de Historia de la Universidad de Alicante Emilio La Parra sobre el reinado de Fernando VII. Andaba husmeando concretamente en el apartado dedicado a las conspiraciones y revueltas acaecidas durante la última fase de las tropelías del Borbón ‘deseado y detestado’, como subtitula el autor la obra que le valió el XXX Premio Comillas en 2018, cuando tuve conocimiento del contenido de la epístola que Antonio Cañizares acostumbra a remitir a su rebaño todas las semanas.

Y oiga, créame, si se convierte a los liberales y a los realistas moderados de la época en los comunistas de Podemos y los socialistas del PSOE, respectivamente, y se sustituye el Arzobispado por la Junta de Fe que estableció el canónigo José María Despujol en la diócesis valenciana, organismo que sancionaría al año siguiente Simón López, uno de los predecesores de Cañizares, nos situaremos inmediatamente en la primera mitad del siglo XIX. Es decir, en el Apocalipsis que proclamaba el clero montaraz de entonces, contumaz peticionario del regreso de la Inquisición para plantar cara al mismísimo Satanás que estaba pervirtiendo la moral y las buenas costumbres, y el Armagedón que anuncia en su misiva casi doscientos años después el cardenal trabucaire.

El prelado, que no se sabe si escribe sus opúsculos bajo el influjo del vino sobrante de la misa o a rebufo de una úlcera gastrointestinal que le provoca acidez y mala leche a partes iguales, recomienda en su dantesco análisis una ‘sanación urgente’. Aunque no menciona cual ha de ser el ungüento amarillo que ponga fin a la situación de ‘peligro y grave emergencia’ que soporta España, la suma de coincidencias históricas lleva a concluir que a lo mejor estaba pensando en la creación de alguna sociedad secreta apostólica del estilo de El Ángel Exterminador , El Ancla o La Purísima que ayudaron a sacar adelante sus antecesores, gérmenes del Carlismo ensotanado, para depurar vicios por el expeditivo método del pase a mejor vida del infractor.

O sea que, como diría la otra, la vamos a liar parda en el hipotético caso de que prospere la alianza entre ‘socialistas y socialcomunistas’. Porque según el profeta Cañizares, las diez plagas de Egipto van a ser un desfile de mosquitos frente a las calamidades que se avecinan con un gobierno en el que compartan mesa y mantel Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. A saber (Aquí, música de Wagner o de algún videocuento infantil con ogros, cocos, lobos y tal que han escapado al control de lo políticamente correcto): ‘El cambio va mucho más allá de lo que parece y no tiene nada de progreso aunque se autodenominen los firmantes como fuerzas progresistas ya que se instaura o se atisba un cambio cultural, se impone un pensamiento único, con una visión del hombre que pretende generalizarse a todos, la aprobación de la eutanasia, la extensión a nuevos derechos, la ideología de género, el feminismo radical y la ampliación de la memoria histórica que fomenta el odio y la aversión’.

¿Qué? ¿Qué no se le ponen a uno los pelos como escarpias ante el hecho de que nos dispongamos a entrar ‘en una crisis muy honda, sobre todo cultural, pero también, en una crisis política e institucional, democrática, social, religiosa, una crisis de lo que constituye España en su realidad e identidad más propia’? Vamos derechitos a las calderas de Pedro Botero por culpa de los ridículos belenes de Ada Colau en Barcelona -que lo son- por la pesadez de las personas que aún tienen muertos en las cunetas y -qué coñazo- se empecinan en recuperar sus cuerpos, y por la obsesión de las mujeres que pretenden su equiparación social y económica con los hombres y, encima, que no las maten o las maltraten en el entretanto. Cañizares ve a Lucifer en el derecho a una muerte digna, pero no parece entender -o si, pero…- que los futuros males económicos que endosa al nonato pacto y que vaticina desde su magisterio no son consecuencia de gobiernos ‘socialcomunistas’ inéditos hasta el momento, sino de Ejecutivos de signo contrario que amparan la corrupción y la depredación de lo público y que siempre actúan con la bendición o la vista gorda de la Madre Iglesia que Cañizares representa con tan poco tino.

Tiene el arzobispo de Valencia frente a sus narices desde hace cinco años a un gobierno autonómico plagadito de rojos y demás gentes de mal vivir y, sin embargo, no se conoce un solo caso de niño nacido con pezuñas de macho cabrío y cuernos. ¿No debería hacérselo mirar?

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