Agrupémonos todos que viene el lobo

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoInsistimos: ¿Hay por ahí alguna preclara mente capaz de argumentar con razonamientos desprovistos de visceralidad y ayunos de manipulación por qué el presidente del Gobierno en funciones y aspirante a renovar el contrato quiere destruir España? A Pedro Sánchez se le pueden endosar infinidad de hechos más o menos probados, como ser mentiroso, veleta, artero, tramposo, soberbio, opaco, y así hasta agotar el catálogo. Pero acusar de pretender cargarse un país mediante la alianza con el Mal encarnado por los nacionalistas, los separatistas y los filoetarras a un burgués bien casado, que vive tan ricamente del erario desde que salió de la Facultad de Económicas y que tiene la intención de seguir haciéndolo se antoja un despropósito y una desmesura solo comprensibles desde el juego político, en el que ocupa un lugar destacado la persuasión de los incautos mediante la invocación de cuentos infantiles como Caperucita, Los tres cerditos o Los siete cabritillos.

A este mantra repetido hasta el hartazgo en medio de las procelosas reuniones entre las partes contendientes de cara a la investidura y de las hilarantes llamadas telefónicas a los señores territoriales cursadas a espuertas por el jefe del Ejecutivo para sondear el ambiente se añade otro sonsonete muy del agrado del líder del PP Pablo Casado, del comandante de Vox Santiago Abascal y de la presidenta interina de Ciudadanos Inés Arrimadas. Juntando la «destrucción de España» y el advenimiento de los «comunistas» de Podemos, presuntos sostenes del hipotético Gobierno que se está cociendo a fuego lento, tendremos la hecatombe, dicen. Ya. ¿Pero era Rajoy comunista cuando subió los impuestos –que advierten escandalizados serán elevados de nuevo por Pablo Iglesias– habiendo garantizado hasta el minuto anterior que los bajaría? ¿Era bolchevique Ana Botella durante su etapa de alcaldesa de Madrid cuando vendió miles de viviendas sociales a los fondos buitre con los inquilinos dentro? ¿Y eran trotskistas los propios fondos buitre?

Así, a primera vista, no parece que hayan sido los comunistas quienes perpetraron muchas de la aberraciones registradas en lo que va de década y antes. ¿O es que fueron los estalinistas quienes rescataron a la banca corrupta con miles de millones de euros de fondos públicos que todavía no han sido devueltos al erario, ni lo serán, como se prometió? ¿Fue Lenin tal vez el que ordenó el vaciado de la hucha de las pensiones o fue Rajoy? ¿Y si fue el segundo, que lo fue, era comunista sin saberlo? ¿Eran castristas todos los políticos –to-dos– y todos los empresarios –to-dos– que han contribuido al empobrecimiento del país con sus latrocinios, sus depredaciones y sus corruptelas? ¿Acaso la banca suiza, la andorrana, los paraísos fiscales y los despachos de abogados especializados en evasión de capitales que tanto empeño han puesto en ampliar la zanja que separa a los ricos de los pobres están dirigidos por una nomenclatura norcoreana a cuya cabeza se sitúa Kim Jong-un?

Es memorable que el sucesor del creador de la Policía Patriótica, esa suerte de cancerberos de las cloacas del Estado, mencione, aunque sea por lo bajini y con otro nombre, las checas comunistas donde nos van a dar para el pelo. Pero no fue en estos siniestros agujeros donde nos dieron, y nos dan, por todos los lados, sino en los despachos enmoquetados y amueblados con maderas nobles. Tiene su intríngulis que se nos advierta de los perniciosos efectos de la llegada del lobo cuando, hasta aquí, las debacles económicas, financieras y laborales que han abolido derechos y reducido aspiraciones han venido de la mano de Caperucita, los cochinillos y los cabritos. Así que menos telón de acero y más tela marinera. Que se les ve el plumero y no es rojo.

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