Dime de lo que presumes

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLas formaciones de izquierda representadas en el Ayuntamiento de Alicante reprochan al alcalde popular Luis Barcala que pasara por alto como quien no quiere la cosa, durante su intervención en un acto del PP celebrado en Murcia, que si está donde está es gracias al impagable apoyo de la exedil tránsfuga de Podemos Nerea Belmonte, que emigró con armas y bagaje al grupo mixto tras ser expulsada del gobierno tripartito que integraron con más pena que gloria PSOE, Guanyar y Compromís, por otorgar contratos a emprendedores con un ADN ideológico idéntico al suyo.

Y no le faltan motivos a la oposición para equiparar el acceso del actual regidor a la vara de mando con episodios que figuran ya con letras de molde en el frontispicio patrio del transfuguismo, como el que protagonizó Eduardo Zaplana en Benidorm. Tiene razón la izquierda desahuciada cuando afea a Barcala, además, que se vanaglorie de su ascenso al olimpo del municipalismo alardeando de haberse «cargado» a sus malogrados predecesores después de tres años de lucha sin cuartel. «Contra viento y marea», enfatizó quien sirvió a las órdenes de Sonia Castedo, la defenestrada alcaldesa actualmente procesada por presuntamente manipular los planos del PGOU capitalino como si se tratara del Monopoly para, supuestamente, favorecer al empresario condenado por corrupción Enrique Ortiz. Hasta asumió como propio el verbo «derrocar», tan del gusto de los militares, que utilizó su secretario general, Teodoro García Egea, para referirse al golpe de mano que frustró el experimento que había acabado con lustros de hegemonía conservadora en el Consistorio.

Les asiste la razón, sí, para ejercer su legítimo derecho al pataleo. Pero les asistiría mucho más si se aplicaran de inmediato la receta que pretenden endosar al alcalde por vía oral y acataran su parte de responsabilidad en la debacle que dejó compuestos y sin novia a los electores que les dieron su apoyo. Si, por ejemplo, asumieran públicamente que aquello fue una jaula de grillos desde el momento en el que el socialista Gabriel Echávarri, a la sazón pupilo de esa apidemia que es Ángel Franco para el PSOE, ocupó en el salón de plenos el sitial reservado a la primer autoridad. Si, pongamos por caso, reconocieran al hilo de las críticas que con unas relaciones tan tóxicas como las que mantenían el alcalde y los portavoces de Guanyar, Miguel Ángel Pavón, y Compromís, Natxo Bellido, era imposible que aquel barco no naufragara.

Si, verbigracia, no hubieran dado pábulo desde los inicios al pernicioso chiripitiflautismo que les llevó a cometer errores procedimentales que se convirtieron en munición política y judicial para el PP, como el cambio de calles con nomenclatura franquista. Si, en fin, hubieran aceptado, siquiera por lo bajini, que todos ellos, juntos o por separado, constituían un bacalao al pilpil en el que un día les condenaban a una edil por injurias al rey, al siguiente denunciaban ante fiscal al principal regidor por despedir a la hermana del líder de la oposición, el propio Barcala, y el de más allá le sacaban otro fraccionamiento de contratos que daba con Echávarri y dos de sus asesores en los tribunales.

De aquellos polvos vienen unos lodos como estos, en los que un Ayuntamiento indolente y sin ideas, incapaz de poner coto a los problemas seculares que padece la ciudad y amante del lolailo y el oropel que vive de las rentas dejadas por la normalización de la contabilidad municipal tras años de intervención estatal, se permite sacar pecho y presumir de estrategia cuando son sus oponentes quienes se lo han dado todo hecho. Así se las ponían a Fernando VII. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

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