Patriotas de pacotilla

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoSi tomamos en consideración que todos los discursos del rey, desde el que pronuncia en la inauguración de una feria dedicada al anacardo aborigen, pongamos por caso, hasta el que lee en Nochebuena, pasan obligatoriamente el filtro de la Moncloa, ¿a quién aplaudían a rabiar sus señorías en la apertura del curso parlamentario, a Pedro Sánchez o a Felipe VI? ¿Estaba acaso el PP avalando al traidor por persona interpuesta y, en buena lógica, a los vendepatrias bolcheviques amigos del separatismo coaligados con el PSOE? ¿Y Vox? ¿El éxtasis que llevó a los diputados de ultraderecha a prorrumpir de nuevo en vivas al monarca y a España, puestos en pie como casi todos y con las palmas de la manos desolladas con tanto minutaje significaba que hacían suyo el planteamiento del Ejecutivo verbalizado por el titular de la Corona en funciones de muñeco de ventrílocuo?

Está claro que el mutante Pablo Iglesias se ovacionaba a sí mismo por llegar tan pronto con la familia al cielo que aspiraba a conquistar previa escala en la mansión de Galapagar. Pero en ausencia de la tropa soberanista que demostró tanta coherencia con sus postulados –excluidas las nóminas y demás prebendas inherentes al escaño– como falta de cortesía en las formas, ¿qué diantres aplaudían aquellos que ven el avance del comunismo y la desmembración del Estado y su venta a cachos detrás de cada sílaba pronunciada por el veleta de la Moncloa? ¿El florido verbo del hijo del Emérito o las prosaicas intenciones del padre del primer Gobierno de la etapa democrática contemporánea a dos manos?

¿Aplaudían los palmeros sin darse cuenta al enviado del Mal que encarna Sánchez según su leal saber y entender cuando él es quien toma la palabra o llevados por la prosopopeya de un acto inaugural que les garantiza sustento y presencia pública diarios se olvidaron del severo reproche y de la encarnizada crítica y optaron por el paripé? Al fin y al cabo nuestros representantes viven permanente y cómodamente instalados precisamente en ese insalubre lugar donde impera el fingimiento, la simulación y la hipocresía. Unos más que otros, vale.

Que se lo pregunten si no a los patriotas de pacotilla, más preocupados por la bandera que por quienes la portan. Le pones en los morros la enseña nacional al líder del PP, Pablo Casado, verbigracia, y oye, por arte de birlibirloque se le olvida que es sumamente antipatriótico distraer dinero público depositado en los fondos reservados para montar un dispositivo de espionaje y seguimiento del extesorero Luis Bárcenas y su clan con el fin de destruir pruebas que implicaran a la cúpula del PP en la caja B del partido conservador y de su financiación ilegal. Gobernaba Rajoy por aquel entonces y él ya hacia méritos desde puestos de responsabilidad para, llegado el momento, convertirse en califa en lugar del califa.

Patriotas con un sentido patrimonial de la patria, valga la jerigonza, los hay a raudales. Los chicos de la Reconquista, un suponer, entre bulo y bulo, caen víctimas del orgasmo en cuanto ven flamear la rojigualda, ¿no? Sin embargo no hay manera de arrancar a la parejita de líderes en régimen de gananciales integrada por Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros una explicación medianamente aceptable sobre sus incursiones plagadas de irregularidades en el mundo de la arquitectura y el urbanismo. Será porque piensan que la patria está para explotarla sin reglas ni límites. A su antojo y como si se tratara de un cortijo en el que los aparceros llevan escrito en la frente, bajo la boina, la palabra «tontolculo».

Se permiten vivir en el paripé porque son conscientes de que la mayoría de los españoles habita el limbo. Y por eso cada vez actúan con más insolencia y desparpajo. Son patriotas hasta la médula de los huesos y acusan a quienes se les pongan por delante de financiarse con fondos de las más pintorescas «narcodictaduras», pero se quedan más anchos que largos a la hora de admitir sin el menor atisbo de sonrojo que el exilio iraní agrupado en el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), que había estado en el catálogo de organizaciones terroristas, aportó dinero para la creación de Vox y pagó los sueldos durante varios meses del mencionado Espinosa de los Monteros y del Capitán Trueno Santiago Abascal.

Como diría el otro, oigo patria tu aflicción. Y además en estéreo.

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